Confundir el campo de batalla
Las guerras de verdad destrozan, matan. No hay guerras sociales que generen daños tan tangibles. Sin embargo, también son muy destructivas, sobre todo cuando se confunden de campo de batalla, cuando enfrentan a víctimas contra víctimas mientras los verdugos comen palomitas. No explotan bombas, pero destruyen futuros mejores.
La presunta guerra generacional, los millennials contra los boomers, parece otra manera de ponernos a pelear en el barro; otra forma de despistarnos, de confundirnos con enemigos fantasma, de enfrentarnos entre nosotros.
Es como lo que hace Vox con la clase trabajadora y los inmigrantes, aplicado a las clases medias -sin negar que hay muchos jóvenes pobres, un 20,8%, según la encuesta de condiciones de vida (ECV) del Instituto Nacional de Estadística (INE).
Y esto no está reñido con considerar innegable que los jóvenes de hoy lo tienen jodido aquí y en todo Occidente.
Lo que pasa es que creo que el motivo de su precariedad hay que buscarlo en el curso de la historia económica, de la globalización y la revolución digital -con la reconversión social que lleva implícita-, sumadas a la vieja lucha de clases, como dijo el multimillonario Warren Buffett: "Hay una lucha de clases, sí, pero es mi clase, la clase rica, la que está haciendo la guerra y la estamos ganando". Ahora, además, comiéndose el pastel de la vivienda.
De ese pastel aquí comen también las clases medias y tampoco hay que negarlo. Muchos españoles especulan con el alquiler de sus ladrillos y otros muchos no -aunque se diga menos-. Cuatro de cada diez caseros no alquilan para ganar dinero y esto no es un pálpito. Adjunto los datos, recopilados en Casas, el libro de José Manuel López.
En España el 75,2% de los hogares vive en propiedad y el 24,8% en alquiler. Hay 3,6 millones de casas alquiladas. Esos alquileres pueden ser de tres........
