Meirás: la tinta de Emilia Pardo Bazán, la sangre de los condenados a muerte
En Meirás hay una mesa manchada de la tinta con la que Emilia Pardo Bazán escribía sus textos sobre la violencia contra las mujeres. En Meirás hay una mesa impregnada con la sangre de los condenados a muerte en los consejos de ministros presididos por Franco que se celebraron en torno a ella.
Los veranos de Franco en Meirás no consistían en paseos bajo los árboles y salidas a pescar salmones: allí se celebraron doce consejos de ministros desde el primero del 29 de agosto de 1946, que negó la extradición del nazi León Degrelle, hasta el último del 22 de agosto de 1975 que aprobó el decreto-ley sobre “prevención del terrorismo”. El decreto permitía juicios sin garantías, consejos de guerra como los que condenaron a muerte a cinco antifranquistas, los últimos fusilados el 27 de septiembre de ese año. En julio de 2021, en la primera visita del público a los jardines de Meirás, fueron invitadas Flor Baena, hermana de José Humberto Baena, uno de los fusilados en 1975, y Amalia Bóveda, hija de Alexandre Bóveda, asesinado en 1936, un reconocimiento a las conexiones entre Meirás y la represión. La tinta de los consejos de ministros se convirtió en la sangre de los condenados a muerte, de los ejecutados. Es pues un ejercicio del negacionismo más tosco afirmar, como hace Paz Gago, que “los veranos de Franco en Meirás fueron una anécdota”.
En Meirás terminó Emilia de redactar en septiembre de 1892 – según le cuenta a Carmen Miranda en una carta – el ensayo feminista más audaz publicado en la charnela entre el siglo XIX y el XX, la Memoria al Congreso Pedagógico, en el que afirma “la mujer tiene destino propio”, o “todas las mujeres conciben ideas, pero no todas conciben hijos”. Unas ideas tan radicales que las propuestas de que las niñas pudiesen estudiar en secundaria – el bachillerato elemental empezaba a los diez años – y en la universidad fueron derrotadas en las votaciones. Emilia mojó la pluma en la sangre de las mujeres asesinadas en lo que ella llamó “mujericidios”, negando términos como crímenes pasionales o de honra, convirtiéndola en tinta en decenas de artículos de prensa y relatos sobre la violencia contra las mujeres, un conjunto que no tiene igual en su tiempo. Porque el feminismo, de Emilia y nuestro, no pide solo iguales derechos en las leyes, sino cambios profundos en una cultura que considera “normal” la existencia de hombres que matan a las mujeres con las que viven o tienen relación. Es pues un desprecio al feminismo alegar, como hace Silvia Seixas, que es “inmoral” hacer de Emilia “una bandera feminista para borrar la imagen de Meirás como símbolo de la lucha antifranquista”. Convivir no es lo mismo que borrar.
Lo que argumento en este artículo es que el concepto actual de memoria democrática incluye tanto la represión franquista y la lucha contra ella, como todas las luchas por los derechos y libertades de las personas, la memoria del tráfico........
