menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

G4Z4

21 0
21.08.2026

Quizás se hayan preguntado la razón por la cual se utiliza en las redes el código leetspeak, sustituyendo las vocales por números que se ven parecidos, como en el título. Y tal vez hayan pensado que sea un capricho de los jóvenes, que gustan de utilizar un código críptico como manera de identificarse como comunidad; lo cierto es que esa forma de expresión denuncia por sí misma la existencia de una censura algorítmica a la que se trata de burlar. Es sabido que las plataformas suelen limitar, ocultar o moderar publicaciones que contienen ciertas palabras claves asociadas a "conflictos bélicos sensibles". La expresión leetspeak permite que la discusión sobre el tema circule sin que el sistema bloquee la distribución de la publicación. Es así como nos estamos acostumbrando a hablar de Gaza como en un susurro y a mirarla como a través de un velo que atenúa la brutalidad de un genocidio retransmitido en directo.

El encubrimiento de esta realidad se lleva a cabo a través del silencio cómplice de los medios, que practican un apagón informativo escandaloso en relación con la invasión y la limpieza étnica del pueblo palestino. El Mundial de fútbol, los incendios forestales o el ático de Ayuso saturan la agenda sin dejar lugar a cuestiones vitales, que han dejado de atraer porque ya no se perciben como novedosas. Sin embargo, incluso para quienes pensamos que nunca se ha respetado el tan cacareado "orden mundial sometido a reglas", la escala criminal de esta masacre ha sobrepasado todas las líneas rojas imaginables.

No obstante, la opinión pública, anestesiada como la rana por el agua que gradualmente sube de temperatura, reacciona espasmódicamente, como entre nieblas. Una de las funciones del tremendo ruido al que estamos sometidos es esa: saturar la percepción hasta confundir y embotar los sentidos. Gritamos y protestamos con la Vuelta ciclista hasta romper la aparente estabilidad de nuestros días, pero rápidamente un falso Alto el Fuego, que permitía a Israel seguir con la matanza a otro ritmo, sosegó la angustia. El genocidio continuó, pero en sordina. Y así han transcurrido los días de verano sin tomar plena conciencia de que asistimos a una........

© Público