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Improbabilidad estadística

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28.04.2026

El sábado estuve en un concierto. Es un grupo que me gusta mucho y que he visto muchas veces en directo, en locales pequeños, medianos y también en un estadio lleno. Además, tengo el discreto honor de que dos de sus miembros sean amigos míos. De esa clase de amigos que no ves todos los días, pero a los que quieres a fuego y a los que te une un vínculo invisible y honesto. La música es para ellos lo que para mí es la escritura: no su modo de vida, pero sí su motor de vida. Es la pieza del puzle que vierte purpurina sobre los lunes laborables, que te saca de la apatía del día de la marmota y que te vuela la cabeza para elevarte sobre la cotidianidad. Que sí, que la rutina es buena, es necesaria, nos confirma que tenemos vidas privilegiadas en el primer mundo, pero no hace falta tanta, por favor. Déjennos ser otra cosa y romper el exoesqueleto gris y funcionarial, por lo menos un ratito.

El concierto era en un auditorio de, no sé, seiscientas butacas. Y eso son muchas butacas. Seguramente, no era el mejor día ni el mejor lugar y confluyeron muchas otras circunstancias en ese camino incierto de la promoción y la difusión, pero la realidad es que........

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