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La condena de Piotr

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13.03.2026

Me dijo de quedar en el Jardín Botánico, donde los abedules. Su rostro, inexpresivo como un Kleenex, esbozó al verme un gesto de alegre bienvenida que no le salió bien, quizá por falta de práctica, y que derivó en una mueca tirando a amarga, más próxima a la distensión abdominal por acumulación de gases que al pretendido alborozo. Vestía un gabán dos tallas mayor, unos pantalones burdeos con dobladillo y un inverosímil jersey con motivos alpinos. La estampa ilustraba un desajuste que desbordaba lo estético, como si el desaguisado cromático evidenciara un profundo desasosiego interno. Parecía cualquier cosa menos un alto funcionario de la Unión Europea. Soy yo, Piotr Schflowsnitz, ¿es usted el periodista? 

Ante el riesgo elevado de estornudo, evité pronunciar su apellido y en su lugar me dirigí a él por el nombre de pila. Piotr me invitó a dar un paseo con gesto cortés, mostrándome el camino con una mano que se reveló pequeña y siniestra, como las que dejan asomar los príncipes de sus reales bocamangas en los retratos de corte. Atravesamos la........

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