Un mes después: 10 lecciones incómodas de la guerra Israel-EEUU contra Irán
Ha pasado un mes desde los primeros ataques contra Irán. No es mucho tiempo. Pero ya es suficiente para ver que algunas cosas que se daban por hechas no están funcionando como se esperaba.
La idea era bastante clara, ¿verdad? Golpe rápido, controlado, con objetivos concretos. Lo que hay ahora, no obstante, es otra cosa. Un conflicto que se alarga, que se mueve en varias direcciones a la vez y que no termina de encajar en ese relato inicial.
A partir de aquí, más que certezas, lo que aparecen son pistas. Algunas bastante incómodas. Muchas poco sorprendentes para los que decidimos dedicarnos a las relaciones internacionales críticas.
1. El poder no siempre sabe cerrar lo que empieza
Hay algo que se nota bastante en este primer mes. No tanto en lo que se ha conseguido, sino en lo que no se ha podido cerrar.
Cuando una operación se plantea como rápida y deja de serlo, cambia la percepción. Ya no se trata de quién tiene más capacidad militar. Se trata de quién controla el ritmo.
Y aquí ese control no está tan claro.
2. La idea del ‘colapso interno’ vuelve a fallar
Se ha repetido mucho eso de que la presión externa iba a romper a Irán por dentro. Que la sociedad aprovecharía para rebelarse (o más bien para intensificar el descontento ya existente).
Y en el fondo no debería sorprender tanto. Cuando hay un ataque externo, las divisiones internas no desaparecen, pero se reordenan. Hay una especie de cierre de filas, aunque sea temporal.
Esto ya lo hemos visto antes. Pero se sigue ignorando cada vez que conviene.
3.‘Occidente’ no decide tanto como dice
Si juntas lo que hace Estados Unidos con lo que hace Europa (bueno, más bien lo que dice), la imagen no es la de un bloque sólido, sino la de algo bastante más frágil.
Washington parece moverse entre seguir escalando y buscar una salida que no parezca una derrota. Europa acompaña, matiza, pide contención, pero no marca el ritmo.
Y todo eso se sigue llamando ‘Occidente’, como si fuera un actor con voluntad propia.
Quizás el problema es ese. Que la etiqueta simplifica demasiado. Porque ni hay una estrategia única, ni hay una capacidad real compartida para........
