No hay que jugar con Miguel Ángel Rodríguez
Lo malo de jugar contra cortesanos y guardeses es que ellos lo hacen con las cartas marcadas. Lo entiende rápido Julián Sorel, provinciano protagonista de Rojo y negro que, en sus andaduras “parribistas” rumbo a la cúspide de la Francia postnapoleónica, se ve currando de escriba para un marques parisino apellidado La Mole en cuya corte, tras hincharse a licores y carnaza cada noche, se juega a las cartas hasta bien de madrugada. Julián, que aprende rápido porque así somos los de provincias, se da cuenta de que el marqués solo juega a la baraja con sus normas, estableciendo los marcos a la mismita hora de repartir juego, dándole a cada comensal una carta marcada con la que no solo prever su movimiento, sino inducirlo; Barnes aprende pronto que no puede hacer nada contra La Mole porque él decide cómo se juega cada noche, a cada rato, y comprende que el marqués no es un jugador cualquiera, sino una especie de árbitro y crupier que se mueve sobre aquella mesa de caoba como un diosito omnisciente y un poco cabrón.
Con........
