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Veinte kilómetros

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15.02.2026

Nací un uno de febrero, a setenta kilómetros de casa. Eran las diez de la mañana –quizás por eso nunca me ha gustado madrugar–, y mi madre llevaba poco tiempo en el Hospital Provincial de Albacete, donde en seguida asomaron mis piececillos. Salí al mundo del revés, y aunque pudo ser un parto complicado, siempre dice mi madre que le resultó mucho más llevadero que el de mi hermano, porque ya no era primeriza. Así que el primer trayecto que hice en mi vida, a los dos días, fue en realidad un viaje de vuelta. Una hora en furgoneta que me llevó hasta mi pueblo, hasta mi hogar.

Otro uno de febrero, treinta y siete años después, mi padre se levantó con un fuerte dolor en esa misma casa. Sabía que la hernia inguinal de la que le habían operado poco después de mi nacimiento volvía a dar guerra, tanto tiempo después, pero el médico del pueblo no le dio demasiada importancia. La tocó un poco, rellenó un informe, le dijo que ya le operarían. Esa mañana, sin embargo, él supo que tenía que correr a urgencias. Despertó a mi madre, arrancó el coche y se........

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