La extrema delgadez, ¿una cuestión gorda?
El anuncio de la retirada temporal de Ariana Grande de los escenarios, debido al intenso escrutinio público que sufre por su físico, es el último y más revelador ejemplo sobre cómo el juicio a los cuerpos ajenos trastoca vidas, incluso las de quienes están en lo más alto de la pirámide social. Por mucho que su profesión consista en ponerse constantemente delante de la mirada de millones de personas, nadie sale indemne de constatar una y otra vez que su fisionomía es el centro de un debate furibundo, en el que el estado de salud de la susodicha es puesto en cuestión, como si la presión sobre una persona supuestamente enferma fuera a ayudar a que se recuperara.
Aunque encarne el extremo contrario, los comentarios que la cantante está recibiendo en los últimos tiempos –tildándola de enferma, de inconsciente y de estar promoviendo un modelo corporal insano para todo aquel que se cruce con su imagen– son idénticos a los que recibimos las personas gordas por el mero hecho de existir y de dejarnos ver. Especialmente en el caso de las mujeres, sobre las que se añade la severidad de la inescapable lente de aumento de la mirada patriarcal.
Por eso, el debate en torno a casos como el de Ariana Grande nos remueve tanto a quienes intentamos sumarnos a la construcción de un discurso gordo. Sería ridículo afirmar que una persona delgada, aun en grado extremo, participa de las estructuras discriminatorias a las que los cuerpos gordos se enfrentan a diario, pero lo cierto es que la presión estética ejercida en ambos casos es impulsada por los mismos motores. Aunque........
