El niño que quiso volar y aprendió a dibujar
Un niño de 3 años observa cómo colocan el timón a un avión. El proceso es meticuloso. Tres mecánicos trabajan coordinados como un reloj suizo, cogen algunas herramientas y las utilizan sobre la cola de un pájaro metálico. Al niño le acompaña su padre, uno de los dueños de un pequeño negocio familiar donde se fabrican los repuestos. Estamos en 1944, en la prefectura de Togichi, Japón, en plena Segunda Guerra Mundial.
La paz deja un mar de escombros y las consecuencias de la guerra están por todas partes. La muerte mira fijamente a los ojos de un pueblo desesperado, que busca comida y algún sitio donde cobijarse entre los cascotes. Quieren recuperar la esperanza, pero la tristeza es un habitante más de esa ciudad. El niño que antes miraba embelesado cómo construían aviones, contempla horrorizado las consecuencias de la guerra.
En 1958 se estrena la película de animación La serpiente blanca. El niño es ya un chaval de diecisiete años al que le encanta leer cómics e ir al cine. Dedica horas y horas a copiar los dibujos de un Rey Mono que firma un tal Osamu Tezuka. Lo hace concienzudo, igual que aquellos mecánicos enfrentándose al avión. Su padre quiere que el chico continúe el legado de la empresa, así que estudia ciencias políticas y económicas. Cuando termina, se entera de que un conocido estudio de animación busca dibujantes. Postula y le contratan. La empresa es Toei Animation, la misma que hizo La serpiente blanca.
Un grupo de dibujantes se agrupa frente a unas oficinas, hacen huelga porque quieren mejorar sus condiciones........
