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Una Cuba americana y otras distopías

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13.04.2026

Imaginemos un solo instante que Cuba se hubiera convertido en el sueño americano.

Esa Cuba se habría reencontrado, finalmente, consigo misma, después de haberse desviado de su curso normal por una especie de gran falta de ortografía en la escritura de su historia llamada “la Revolución”.      

La Habana volvería a ser, como antes, una ciudad rutilante, colmada de bares, night clubs, casinos, donde negros, mulatos y blancos, vestidos de lino y jipijapas, exhibían su elegancia ante los deslumbrados visitantes del Norte, como se puede ver en tantas películas de los años 40 y 50.  Un sitio encantado donde una joven empleadita (Weekened in Havana, 1941) o una misionera religiosa (Guys and Dolls, 1955) viven un romance en medio de noches de luna, vistas del malecón, música pegajosa y gente sensual que baila sin cesar. 

Renacería esa capital bulliciosa y picante, especie de Casablanca del Caribe, que compite en candilejas con Las Vegas, colmada de artistas del showbiz, donde estrellas de Hollywood como George Raft en el Hotel Capri y hombres de negocios visionarios como Meyer Lansky en el Havana Riviera les abrían las puertas de sus casinos a quienes quisieran vivir la emoción del juego, no importa su origen, clase o color de la piel; ni si eran ricos o no, pues había sitio para todos.  

De manera que, en vez de un millón de visitantes del Norte, como en 2016, descenderían varios millones sobre la isla, aprovechando la cercanía que nos reúne prácticamente como regiones de un mismo país. Podría ser por apenas un fin de semana, un viernes o un sábado, a disfrutar de ese lujo tropical, y a darle vacaciones a la conciencia, con ciertos placeres no bien vistos allá; y retornar el domingo a sus iglesias evangélicas, vidas familiares, vecindarios suburbanos de clase media, donde todo el mundo se sonríe, respeta la ley y se comporta de manera decorosa.

A esta Cuba habrían retornado, en primer lugar, todos aquellos negocios de EE.UU. que se habían tenido que ir, arrastrados por un conflicto en espiral que había rebasado el punto de no retorno en el camino de la guerra, con la aprobación del plan de invasión por Bahía de Cochinos, seis meses antes de las nacionalizaciones masivas. 

Estas propiedades abarcaban dos tercios de la economía cubana, consistente en 90 % de la electricidad, toda la telefonía, la mayoría de la industria minera, refinerías de petróleo, embotelladoras, almacenes, junto a 809 500 hectáreas de tierra, que incluían 80 % de las mejores plantaciones de caña de azúcar. Además de hoteles, propiedades comerciales, residencias privadas, cuentas de banco, barcos. 

La indemnización por las propiedades nacionalizadas en 1959-60, según preveían las leyes cubanas de entonces, alcanzaba los 956 millones de dólares, valorización calculada por Cuba con base en el valor de la declaración fiscal de las corporaciones y reconocida por el Departamento de Comercio de EE.UU. 

Sin embargo, el gobierno de EE.UU. habría pactado con el nuevo gobierno de la........

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