Cuba y EE.UU.: Memo sobre diálogo, entendimiento y negociación
Me gusta recordar a cada rato que sobre béisbol, ciclones y relaciones con EE.UU. todos los cubanos somos expertos.
Las maneras en que se ejercen las tres “experticias”, sin embargo, suelen diferenciarse notablemente. Como evidencia prima facie véase cuántas opiniones polarizadas y debates a muerte circulan en las redes sobre béisbol y ciclones, en comparación con todo lo que se afirma, se propone, se predice y se maldice sobre las relaciones entre nuestros dos países.
Habiéndome dedicado a investigarlas una parte de mi vida más larga de la cuenta, y habiéndome equivocado muchas veces, no deja de fascinarme el modo en que son discutidas, especialmente por su asertividad y subjetividad frecuentes.
En efecto, pocos temas suscitan tantas frustraciones, expectativas y “soluciones definitivas” como este. Incluso entre quienes repiten que el bloqueo no es la causa de todos nuestros problemas, muchos se comportan como si las “relaciones normales” pudieran resolverlos casi todos. De manera que la isla se convierta en esa especie de tierra prometida imaginada, próspera, sostenible y democrática, de donde nadie se quiera ir, parece depender de nuestras relaciones con ellos.
Y aunque sus políticas se encargan de recordarnos una y otra vez la naturaleza imperialista que sigue gobernándolas, soñamos con un futuro en que podamos vivir nuestra cercanía como buena vecindad y legado cultural compartido, en vez de en condición geopolítica adversa y predominante.
Esa subjetivación de las relaciones también suele proyectar las frustraciones y desavenencias de muchos con el Gobierno cubano, en sí mismas muy explicables, para atribuirle a este la causa del impasse, los retrocesos o agravamientos que experimentan.
Como si se tratara de un padecimiento vuelto crónico por ineptitud para tratarlo, en vez de una configuración de poderes asimétricos, cuyos ciclos de polarización y de aproximación han estado determinados por la gran potencia, según puede comprobarse mediante una simple inspección de la historia.
En los últimos tiempos, he intentado explorar el cuadro de estas relaciones recurriendo al triángulo clásico EE.UU.-Latinoamérica Caribe-Cuba, buscando en él explicaciones sobre lo que está pasando o podría pasar en su dinámica, como alternativa al arrastre subjetivista.
El triángulo clave: EEUU-Cuba-América Latina
Bajo el efecto estremecedor de la crisis venezolana, y la nube de discursos y moralejas atropelladas que la acompañaron, intenté examinar las diferencias de fondo entre el escenario venezolano y el nuestro, y apreciar los límites a una escalada militar contra Cuba, sin subestimar los peligros y costos reales que planteaba la agresividad acrecentada de EE.UU.
Quisiera ir ahora un poco más atrás, y volver a revisar la última fase de acercamiento que tuvimos. No solo por la permanencia de los intereses mutuos que la propiciaron, sino también porque, particularmente del lado de Cuba, algunos de los actores que participaron en aquel entendimiento siguen vivos.
Y, sobre todo, para aprender de las diferencias marcadas entre ambas circunstancias. Lo que, en política, hay que tener muy en cuenta, pues no todo depende de la buena o mala voluntad de las partes, aunque el voluntarismo sea un rasgo de nuestra cultura politica —la de tirios y también la de troyanos—. No siempre, más bien casi nunca, “querer es poder”.
Hace apenas 12 años, el Gobierno cubano y el estadounidense negociaron y acordaron nada menos que la normalización de relaciones diplomáticas. Llegaron a ese punto gracias a un largo y complicado diálogo sobre intercambio de........
