Las leyes como instrumento de extorsión
Solo en una sociedad degradada -como advertía Ayn Rand- las leyes dejan de proteger al ciudadano honesto y terminan funcionando en su contra. En esos contextos, las normas ya no resguardan derechos; se convierten en dispositivos que castigan a los justos y protegen a los corruptos.
Esa distorsión, que parecería propia de una distopía, es hoy una realidad inquietante. En Bolivia, muchas leyes -incluidas aquellas concebidas para proteger derechos fundamentales, como los de la mujer- han sido perversamente desnaturalizadas. En lugar de garantizar justicia, han pasado a formar parte de un mecanismo más amplio: la institucionalización de la extorsión.
El fenómeno es grave. Las leyes, en su sentido original, son instrumentos para ordenar la convivencia y limitar el abuso. Sin embargo, cuando se vacían de contenido y se subordinan a intereses espurios, se transforman en herramientas de presión, chantaje y enriquecimiento ilícito. Se profana así su espíritu, aquel del que nos hablaba Montesquieu.
Este proceso no es espontáneo. Tiene un origen político concreto. Durante el prolongado ciclo del Movimiento al Socialismo (MAS), la justicia fue sistemáticamente desnaturalizada. El poder judicial dejó de ser un contrapeso institucional para........
