menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Tratado UE – Mercosur: Aciertos y limitaciones

21 0
03.03.2026

Uno de los pocos hechos políticos globales interesantes, en estas desoladas décadas, ha sido la firma del Tratado entre la Unión Europea (UE) y el Mercado Común de Suramérica (Mercosur), el pasado 24 de enero, en Asunción (Paraguay). Resulta interesante no únicamente por la magnitud que involucra, ni por el tiempo político por el que atraviesa el mundo, sino por razones más profundas. Desde ya, la firma puede dejar varios motivos para el aprendizaje. El hecho contrasta con otras políticas estatales referidas a acuerdos multilaterales, como las de Estados Unidos (EEUU), Rusia o China, y contiene algunas posibilidades implícitas a explorar. 

El Tratado presenta aciertos y limitaciones, reflejando a su manera, el impacto de las disputas, de las principales potencias del mundo, por imponer la lógica que debe seguir el ordenamiento global. Además de la lógica que implica el Tratado, en la disputa sobresalen al menos otras dos lógicas: la lógica guerrerista (EEUU y Rusia) y la lógica de la diplomacia autoritaria, de China. Si algo diferente muestra el Tratado, es una lógica predominantemente política. 

Con todo, siendo este acuerdo parte de la disputa por el nuevo orden global, conviene pensárselo en términos del tiempo global en el que se inscribe su firma, así como en los efectos que podría causar en el plano mundial. Para la UE, el Tratado representa, a decir de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, un acierto geopolítico, no tanto por la magnitud del mercado a formarse (450 millones de habitantes europeos y 270 millones del Mercosur), sino por la seguridad geopolítica que permite a las relaciones comerciales entre los bloques, en contraste con la inseguridad, a raíz de la política exterior de Trump. A los ojos de la UE, EEUU es hoy un socio comercial poco confiable.  

Para los países del Mercosur, al contrario, la importancia del Tratado se circunscribe a las expectativas que tienen en torno al mercado. Esta diferencia nos habla básicamente de la distinta madurez económica, política e institucional de unos y otros. Así, mientras la UE le asigna una importancia geopolítica -y por tanto de largo plazo- al Tratado, el Mercosur se concentra en los menudos juegos del comercio; es decir, en una visión no de tan largo plazo, o si se quiere, en una visión estrecha. 

También la apreciación del tiempo de la firma es distinta, aunque para todos, la disputa geopolítica, en el marco del reordenamiento global, constituye el contexto general. Mientras la UE es un personaje activo en esa disputa, el Mercosur es casi sólo un espectador. Esa diferencia nos dice que unos y otros recepcionan y reaccionan de diferente manera a las iniciativas de los otros actores globales (EEUU, China y Rusia), activos partícipes en la disputa. Para la UE, la guerra comercial desatada por Trump, blandeando el sable en forma de incremento de aranceles, fue la oportunidad para tomar distancia de EEUU y desarrollar iniciativas geopolíticas propias. Para el Mercosur, la guerra de los aranceles, representó la advertencia de lo arriesgado que puede llegar a ser oponerse a las exigencias de la Casa Blanca -como lo vivió el narcodictador venezolano, Nicolás Maduro. 

Por ello, para la UE, el Tratado es mucho más que un acuerdo comercial. Es un verdadero reto geopolítico frente a EEUU y representa la oportunidad para demostrar que se puede influir en la política mundial sin su ayuda. Este paso le permite, frente al mundo, asentarse como factor geopolítico de importancia y frente a sí mismo, es la dosis de autoconfianza requerida, para caminar por cuenta propia. 

Así las cosas, el Tratado, una vez alcanzado su plena consolidación, tendrá un indudable impacto global. No únicamente porque, con los datos de hoy en día, podría representar algo más del 25% del PIB global, sino porque los pilares (las relaciones comerciales, la cooperación y el diálogo político) que lo sostienen, abarcan tanto los campos específicamente económico-comercial, como el campo político, o sea el de la atmósfera intangible que el mercado requiere. 

Los aciertos y las limitaciones del Tratado se originan en el modelo teórico sobre el que se asienta. Con ello queremos decir que no puede negarse la demanda implícita que emerge, para la innovación conceptual. Aunque los gobiernos de ambos bloques comparten el mismo modelo, lo que unos consideran aciertos, no es percibido de la misma manera por los otros, según vimos a propósito de la importancia geopolítica que le asigna la UE al Tratado y el exclusivo interés por el comercio, en la visión del Mercosur. 

Curiosamente, son las limitaciones el espacio donde los países de ambos bloques coinciden. En este caso hablamos de una limitación general de la base teórica del Tratado. Para decirlo en breve; el Tratado se inscribe en los acuerdos “tradicionales” entre bloque de países. En este tipo de acuerdos predominan los intereses particulares de cada quien, aunque un bloque tenga un evidente mayor predominio económico, industrial y mayor gravitación política mundial. La convergencia de esos intereses particulares nos dice que se trata de un acuerdo en función de la proyección del potencial económico-industrial de cada actor. 

Hablamos de limitaciones, porque la visión unidimensional del diseño del acuerdo se agota, a la par de la satisfacción de los intereses particulares. Diferente “atmósfera” puede adquirir el acuerdo, cuando no se asienta sólo en la concurrencia de intereses particulares, sino en la comprensión que esa concurrencia misma, es parte de un algo mayor, como es la complementariedad; en este caso, la complementación de aquellos intereses particulares. Ese cambio de concepción, supone un verdadero giro en la comprensión y en el enfoque de acuerdos, de la magnitud de los tratados entre bloques de Estados. 

Sin ahondar en el problema del giro, digamos que el concepto “complementariedad” no hace referencia, necesariamente, a relaciones simétricas. Más bien supone diferentes tipos de relaciones, en las que pueden establecerse tanto relaciones simétricas como asimétricas, según apuntamos en un pie de página de nuestro Trayectoria del pensamiento de René Zavaleta Mercado (Autodeterminación, La Paz. 2025; permítasenos esta especie de anuncio).

Añadamos ahora que la complementación, en el contexto de un Tratado como al que nos referimos, debe pensársela en diversos niveles, es decir, tanto en el nivel macro de los bloques de Estados como en el intermedio, o sea al interior de cada sociedad de esos Estados. Probablemente pueda así abordarse de otra manera las protestas de sectores sociales que se sienten amenazados por el Tratado. 

Podemos concluir que la importancia del Tratado no radica en la estrecha concepción que el Mercosur le asigna y ni siquiera en la más amplia visión de la Comisión Europea. Según vimos, la mayor enseñanza a extraerse de esta experiencia se encuentra en el hecho que abre un espacio reflexivo, a fin de posibilitar la renovación conceptual de los cuerpos teóricos que fundamentan este tipo de acuerdos. Esta posibilidad tensiona al espacio de la innovación conceptual, porque convoca al concepto “complementariedad” a ser problematizado, inicialmente como objeto teórico. 

De hecho, la complementariedad ya está presente en el Tratado firmado en Paraguay. Desde el punto de vista de la UE, es claro que el acierto geopolítico complementa al espíritu comercial y de cooperación entre ambos bloques. En este caso, hablamos de una complementariedad funcional. Desde el punto de vista del Mercosur, la complementación es notoriamente comercial y económica, por lo aquí hablamos de la complementación existencial; es decir, motivada por razones existenciales. 

El autor es escritor y sociólogo


© Noticias Fides