Latinoamérica triplemente fragmentada
La casi cinematográfica irrupción militar estadounidense del 3 de enero pasado en Caracas para capturar al fraudulento gobernante que había en Venezuela ha puesto en evidencia el hecho de que América Latina se encuentra en un momento de máxima debilidad y fractura intestina.
Aquella acometida, indicativa de la renovada prepotencia imperialista que parece haber tomado el mando de la Casa Blanca, tuvo muchos elementos espectaculares y otros que se mantienen aún oscuros, como el número real de víctimas que provocó, las complicidades internas, los daños efectivamente registrados o el verdadero alcance de los objetivos y acuerdos de Washington. Tal acción inició la desestructuración de un régimen autoritario establecido en 1999, además de que inauguró –algo sin duda altamente preocupante–una nueva etapa del control neocolonial en la región.
Hasta donde se pudo ver, las reacciones políticas latinoamericanas ante esa circunstancia se dieron apenas en el ámbito de la pura retórica diplomática. Y los grandes presuntos aliados del detenido (Rusia, China, Irán) optaron por dejar correr las cosas.
El rechazo oficial a lo ocurrido solo fue explícito en los casos de México, Colombia, Brasil, Chile, Cuba y Nicaragua, sobrevivientes a su modo del ala “progresista”. En tanto que la aprobación de lo sucedido fue mayoritaria en el plano ciudadano, como lo evidenció una encuesta telefónica y por Internet que la empresa mexicana Áltica llevó a cabo los días 3 y 4 de enero en once países. Según esos datos, de mayor a menor grado, la intervención foránea fue bien recibida por la población en Costa Rica, Chile,........
