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Dislocado, alocado y despechado

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11.04.2026

Atribuyen a Dalí la frase: “Que hablen de mí, aunque sea mal”, y a los cochabambinos: “Que hablen de mí, aunque sea bien”. Parece que el capitán Edmand Lara es más catalán que cochabambino. 

La historia proporciona de tiempo en tiempo personajes extraños, poco usuales, que destacan porque son alienados, es decir, ajenos a la realidad que los rodea. 

Desquiciados patológicos como Donald Trump en Estados Unidos, con diagnóstico de trastorno de personalidad, o Benjamin Netanyahu en Israel, son los verdaderamente peligrosos para el planeta y para sus propios países. Estamos hablando de la generación de conflictos geopolíticos de gran magnitud y de consecuencias irreversibles, cuyo origen está en el encubrimiento de crímenes de diversa índole que en algún momento debería concluir con el encierro en una prisión o en un manicomio, de ambos personajes de muy triste trascendencia histórica. Esos dos son un prodigio de la naturaleza. Prodigio, en el sentido de que son seres con falla de fabricación.

El caso de Edmand Lara no se ve todos los días en nuestro país, pero es de una dimensión mucho menor, sin embargo, sobredimensionada por la necesidad, también patológica, del personaje de aparecer en los titulares de prensa o por lo menos en la comidilla barata de las redes virtuales, mal llamadas “sociales”. Entre sus frases que merecen ser recordadas por su virulencia: “Rodrigo Paz es un corrupto”, “sus ministros son unos pelotudos”,........

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