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Ellos aprendieron que podían

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06.02.2026

A Marcos, a Dani y a Julen nadie les enseñó a violar. No hizo falta. Nadie se sentó frente a ellos para explicarles cómo ejercer la violencia ni cuándo cruzar un límite. Lo que aprendieron fue otra cosa, mucho antes, y en diferentes lugares.

Aprendieron que el deseo masculino no espera, que es urgente, casi irrefrenable. Que insistir no es una forma de violencia, sino una virtud: el que la sigue, la consigue. Que un no puede ser solo una manera de decir convénceme, porque quien bien te quiere te hará llorar. Que las mujeres exageran, confunden, dramatizan. Y aprendieron también que, cuando algo se tuerce, el silencio suele proteger más que la palabra: los trapos sucios se lavan en casa.

Durante años, la pornografía fue su principal escuela sobre el sexo. No como una fantasía ocasional, sino como un consumo cotidiano, accesible, gratuito, integrado en la lógica de un mercado que promete satisfacción inmediata y no exige responsabilidad. En esas escenas, los cuerpos de las mujeres aparecían disponibles, intercambiables, siempre dispuestos. No había historias, ni miedo, ni dudas. No había consecuencias. El placer masculino organizaba la escena y el poder se confundía con el deseo.

Mandar excitaba.

Insistir funcionaba.

Tomar no tenía coste.

A Marcos, a Dani y a Julen nunca les hablaron de la........

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