Cuando el monte arde, también arde nuestra memoria
Cada verano contemplamos con impotencia las mismas imágenes: montañas envueltas en llamas, animales huyendo, familias desalojadas y miles de hectáreas convertidas en cenizas. Y, cuando el fuego se apaga, vuelven las declaraciones, las promesas y los minutos de silencio. Después, todo sigue igual.
Lo verdaderamente triste es que no solo se quema un bosque. También desaparecen los recuerdos de toda una vida. Arde el pinar donde muchos aprendimos a montar en bicicleta, el sendero por el que paseábamos con nuestros padres o nuestros hijos, el lugar donde hacíamos un picnic o contemplábamos un atardecer. En unas horas desaparece un paisaje que tardó........
