Un cuarto de siglo: 3 estrellas y 1 borrón
Hemos consumido ya un cuarto del presente siglo, y por lo que a la Real Sociedad se refiere, muchas son las vicisitudes vividas, de diferente signo, aunque deberemos admitir que han predominado las de sesgo positivo.
Me hubiera gustado iniciar esta reflexión diciendo que hace ya mucho que la Real Sociedad desterró su reconocida condición de equipo ascensor, pero, tristemente, en este relativamente corto espacio de tiempo que abordamos, se ha colado un descenso más, el que se formalizó en Mestalla el 17 de junio de 2007. Fue, sin duda, uno de los momentos más difíciles de la historia reciente del club. Tres años después, y de la mano del uruguayo Martín Lasarte, el equipo recuperaba el lugar que, por naturaleza, le pertenecía.
Pero en estos 26 años del siglo en curso, también ha habido tiempos más jubilosos, momentos de disfrute pleno, destacando, por encima del resto, tres de ellos. Curiosamente, el primero tuvo lugar antes del referido descenso: en la 2002-03, cuando, dirigidos por Raynald Denoueix, el equipo rozaba la hazaña con el subcampeonato de Liga, aguantando el pulso al Madrid durante 38 jornadas, practicando, probablemente, el mejor fútbol que hemos visto por estos pagos en mucho tiempo.
Para encontrarnos con la segunda estrella del palmarés, tenemos que acercarnos hasta los primeros años de esta década, con Imanol Alguacil como patrón de la nave, y, junto al director de fútbol, Roberto Olabe, artífice de una “nueva Real”, que, a lo largo de seis temporadas consecutivas, logró colarse en la fiesta europea. Y el último hito lo vivimos ayer como quien dice, con un técnico neoyorquino, de ascendencia italiana y formado en Alemania. Pellegrino Matarazzo recogió los restos de lo que apuntaba a naufragio, recompuso en muy poco tiempo la figura del equipo… y el resto es ya historia gozosa de este club.
La recurrencia del éxito
Una de las frases que el presidente Aperribay ha conseguido popularizar por su empleo reiterado en los últimos años, es aquella de “tenemos que pelear por estar recurrentemente en Europa”. Es una frase bonita, casi redonda, pero que oculta tras de sí todo un ideario. Porque para un club como la Real Sociedad, antes modesto -hoy ya no se puede considerar como tal-, aspirar a meterse en la pelea por una plaza europea todas las temporadas, es algo que, hace unas pocas décadas- muy pocas-, habría sonado a pura bravata. Sin embargo, la petición o deseo del presidente de la Real, ha cobrado fundamento, conforme el equipo iba transformando en algo natural, lo que tiempo atrás no dejaba de ser una lejana aspiración. Así, el triunfo del pasado sábado en La Cartuja, sumado al de 2021 en el mismo escenario, y a las ya habituales comparecencias del equipo en los torneos continentales en la etapa de Imanol, han tenido la virtud de naturalizar lo inverosímil. Este es el escenario al que se asoma esta Real Sociedad del primer cuarto de siglo, y la verdad es que resulta altamente seductor y tremendamente satisfactorio. Y esto continúa…
Te miro y me veo a mí mismo
El océano de camisetas txuri urdinak en que se convirtió la capital guipuzcoana el pasado lunes, es una de esas imágenes que será difícil de borrar por mucho tiempo que pase. Ver a tantos miles de personas, de todas las edades, enfundados en su camisetas de la Real, mirarte en ellos e identificarte plenamente, fue una experiencia maravillosa.
Getafe, una dulce vuelta a la realidad
La Real de Rino Matarazzo vuelve a la actividad hoy miércoles, y lo hace enfrentándose al Getafe de Bordalás, la quintaesencia del fútbol en su expresión mas cruda, en la mejor de las acepciones del término. Ideal para bajar a cualquiera de la nube. Físicamente ha habido muy poco tiempo para recuperar; supongo que el trabajo del entrenador abordará preferentemente lo anímico.
