Donde se forja la lealtad
Con ocasión de mi último vuelo transatlántico, he tenido la oportunidad de ver la tercera entrega de Avatar, “Fuego y Cenizas”, de la mejor y peor manera posible al mismo tiempo. La peor, porque claramente todos los detalles de esta producción multimillonaria están pensados para ser disfrutados en un teatro gigantesco, preferiblemente en formato IMAX, y no en la diminuta resolución de la pantalla del asiento de delante con sólo un auricular funcionando. Y la mejor, porque no se me ocurre momento más idóneo que la soledad sin internet a diez mil metros de altura para aguantar sentado y concentrado durante las más de tres horas que dura la película. Al final reafirmé mis convicciones sobre el principal problema que desde el lejano 2009 viene arrastrando la franquicia:........
