¿Elegimos un discurso o un equipo de gobierno?
El actual panorama electoral de cara a 2026 nos presenta una configuración fascinante y, a la vez, reveladora sobre la salud de nuestra democracia. Por primera vez en mucho tiempo, las fórmulas vicepresidenciales no parecen ser simples figuras decorativas destinadas a llenar una cuota regional, sino verdaderas anclas de credibilidad. Al observar duplas como las de Cepeda con Quilcué, Valencia con Oviedo, o De la Espriella con Restrepo, el electorado se enfrenta a una realidad innegable: en muchos casos, el «segundo a bordo» posee una preparación técnica y una trayectoria de gestión que supera con creces la hoja de vida de quien aspira a la Casa de Nariño.
Esta dinámica nos obliga a preguntarnos si estamos eligiendo presidentes por su capacidad de administrar un Estado o simplemente por su habilidad para encender las redes sociales y las plazas públicas. Mientras los candidatos presidenciales actúan como el «Hardware» —la estructura de poder y la marca emocional—, sus vicepresidentes aparecen........
