«Permiso para hablar»: ambigüedad, confianza y mujeres en la IA
La inteligencia artificial avanza a un ritmo que la mayoría de la gente no puede seguir. Además, nadie la entiende por completo. La tecnología es probabilística por naturaleza, sus casos de uso aún están evolucionando, y los estándares de gobernanza y confianza siguen sin definirse del todo. Aun así, el debate público está lleno de certezas. Cada semana surgen predicciones contundentes sobre el fin de los paneles de control, el auge de los asistentes generalistas o la automatización de profesiones enteras.
Esta ola de exceso de confianza resulta engañosa. En el fondo, los desarrolladores e ingenieros de las empresas saben que la ambigüedad es el estado natural de la adopción y el desarrollo de la IA. El progreso requiere experimentación, evaluación cuidadosa y la humildad de admitir lo que aún no sabemos. El problema es que las voces mejor preparadas para equilibrar el progreso con la realidad actual a menudo quedan silenciadas. Una cultura que recompensa el bombo y las proyecciones por encima del cuidado y la precisión dificulta que esas voces sean escuchadas.
La investigación en ciencias sociales ha demostrado desde hace tiempo que existe una brecha en la forma en que se expresa la confianza. Los hombres tienden a hablar antes y a refinar su pensamiento a través del acto de hablar. Las mujeres, en general, esperan hasta sentirse más seguras antes de contribuir. Cuando se trata de IA, donde pocas respuestas son definitivas y casi nada es seguro, esta dinámica juega en contra de ellas.
Esto, por supuesto, no es una cuestión de capacidad, sino de condicionamiento social y normas profesionales. Muchas mujeres en roles de ingeniería informan que se reservan sus ideas hasta que las tienen completamente formadas, mientras que sus compañeros hombres tienden a tratar la especulación pública como parte del proceso. En un campo definido por iteraciones rápidas y resultados inciertos, la disposición a «proyectarse hacia lo desconocido» se convierte en una moneda valiosa. Si las mujeres son más calculadoras en sus declaraciones públicas, pero menos expresivas, la conversación corre el riesgo de inclinarse hacia el exceso de confianza y alejarse del equilibrio.
Por qué importan las voces femeninas en la IA
La brecha en confianza se amplifica con la representación. Las mujeres siguen estando subrepresentadas en áreas de informática, machine learning e ingeniería de datos. Según la Asociación Española de Consultoras (AEC), las mujeres representan solo el 23% del empleo en el sector TIC en España. Como resultado, la cantidad de voces femeninas en IA es menor desde el inicio. Esto importa, no solo por cuestiones de equidad, sino también por los resultados de los productos. Los modelos entrenados con datos sesgados ya corren el riesgo de amplificar desigualdades. Sin perspectivas técnicas diversas que desafíen las suposiciones, los sistemas que construimos son más propensos a reflejar los puntos de vista de quienes los diseñan a incorporar un ámbito más amplio de datos, perspectivas e información.
La visibilidad también es importante para el discurso. Los comentarios públicos también influyen en cómo las empresas, los reguladores e incluso los consumidores perciben las posibilidades y riesgos asociados a la IA. Si las voces dominantes son desproporcionadamente masculinas y seguras de sí mismas, la narrativa de la industria se inclinará en la misma dirección. Las ingenieras y líderes femeninas aportan perspectivas distintas, no porque todas compartan un punto de vista alternativo, sino porque su participación amplía el abanico de cuestiones que se plantean, se prueban y se valoran.
Hablar en público sobre IA no requiere afirmar que se conocen todas las respuestas. Todas las industrias han sido alguna vez emergentes, ya sean las finanzas modernas, la publicidad digital o incluso la fabricación industrial, y las mujeres se han consolidado en ellas, aportando ideas únicas e innovación. Cuando las mujeres del sector tecnológico expresan sus opiniones y preguntas, no solo dan forma a la conversación, sino que también facilitan que otras se animen a dar el paso. La representación se multiplica: una persona que se proyecta hacia la ambigüedad hace que sea más seguro para la siguiente hacer lo mismo.
La industria de la IA será más fuerte si más mujeres se atreven a hacer afirmaciones, predicciones y declaraciones con la misma libertad que los hombres. Para ello será necesario realizar un trabajo estructural para crecer en la cantera de ingenieras y líderes femeninas. También será necesario realizar un trabajo cultural que premie la humildad, la curiosidad y el rigor por encima de la falsa certeza. En un momento en el que la IA se define por lo que aún no sabemos, las voces que se adentran en la ambigüedad pueden ser las que más necesita la industria.
Por Inna Weiner, VP Product en AppsFlyer
