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Luces y sombras del europeo de Atletismo

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Finalizó el Campeonato de Europa de Atletismo y, como es normal en un deporte individual, la actuación de los atletas españoles ha tenido sus luces (las menos) y sus sombras (las más). A nivel global, una vez más, nos ha salvado la Marcha (con mayúscula) con una extraordinaria actuación que nos ha proporcionado cuatro de las ocho medallas conseguidas.Nos hemos quedado lejos de Italia (21 medallas), Gran Bretaña (19), Alemania (21), Países Bajos (14) y Francia (11, aunque ninguna de oro). También nos han superado en el medallero, al tener más oros, Suiza y Noruega, y hemos estado lejos en número de finalistas y puntos que se asignan según los puestos, tal y como nos informa el gran experto Gerardo Cebrián, cuyo análisis en X (Twitter) recomiendo.En general, hemos brillado en el asfalto (además de las cuatro preseas en Marcha, una por equipos en la maratón femenina) y, salvo algunas excepciones, decepcionado en el estadio, donde muchas expectativas previas no se han cumplido. Así lo dicen los números, y lo corroboran las declaraciones del presidente de la Federación Española de Atletismo y el seleccionador nacional, insatisfechos con el resultado global alcanzado. Ahora es el turno de los protagonistas y los expertos para que analicen lo sucedido en profundidad. No hay que “pasar la página” sin enfrentarse a una evaluación objetiva de lo sucedido que considere lo bueno y, por muy doloroso que sea, también lo malo. Es la única forma de aprovechar la experiencia para seguir creciendo.Antes de continuar, quiero dejar claro que no pongo en duda que los atletas seleccionados lo merecían y allí lo han dado todo. Otra cosa es que hayan estado más o menos acertados, pero mi respeto y reconocimiento a todos los que han participado. El deporte de élite es muy exigente, y los deportistas luchan consigo mismos para poder responder a esa exigencia. Necesariamente, deben plantearse objetivos ambiciosos en lugar de conformarse, someterse a una disciplina férrea dentro y fuera de la pista, hacer grandes esfuerzos, renunciar a otras actividades placenteras, afrontar y superar múltiples adversidades, entre ellas las lesiones, y tolerar la frustración de resultados adversos. Por eso, competir en un europeo, alcanzar ese sueño que solo consiguen muy pocos, es un gran logro que merece ser valorado.Sin embargo, ese reconocimiento no es incompatible con una evaluación objetiva y crítica del rendimiento mostrado. Para los deportistas de élite participar en una competición del nivel de un europeo, un mundial o unos Juegos Olímpicos no debería ser un fin, sino un medio para obtener el resultado exitoso que justifica su participación. Por tanto, lo que cabe esperar es que compitan y rindan al máximo de su potencial, y que aquellos que no consigan lo que para ellos sería un objetivo realista, se sientan frustrados, decepcionados, tristes o enfadados, en lugar de “muy contentos”, sin que proceda sobreprotegerlos emocionalmente (o que ellos mismos se sobreprotejan) diciendo que han tenido una buena actuación cuando en realidad no ha sido así. Esta negación de la realidad impide que fluya la emoción negativa que es lógico que acompañe a un mal resultado, y favorece que no haya una autocrítica constructiva que reconozca qué se ha hecho mal y qué se puede aprender de esa........

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