Amatxu
04 de septiembre 2026 - 03:07
Mi amigo José María tiene alzhéimer. Cuando se lo diagnosticaron, yo ya llevaba dos años conviviendo con el Parkinson. Él lo recibió con ese humor que usan los condenados para no dar lástima: dijo que, al final, acabaría olvidándose de mí. Añadió que su enfermedad dolería a quienes lo querían, pero no a él; la mía, en cambio, me obligaría a asistir consciente a la deserción de mi propio cuerpo.
Dos años después, nuestras familias organizaron una fiesta sorpresa con antiguos compañeros del colegio. Hay celebraciones que se preparan con ternura y acaban pareciéndose a un espejo cruel. José María no reconoció a nadie. Permaneció........
