La cumbre de Miami y los complejos de la política boliviana
La reciente participación del presidente Rodrigo Paz en la “Cumbre Escudo de las Américas”, realizada en Miami y vinculada a la agenda hemisférica impulsada por Donald Trump, ha provocado reacciones que revelan mucho más que una simple discrepancia diplomática. Lo que se ha puesto en evidencia es un fenómeno más profundo: la persistencia de prejuicios ideológicos, resentimientos históricos y una forma de provincianismo mental recurrente que aún pesa sobre amplios sectores de la política y la sociedad boliviana.
Para ciertos críticos, la presencia de Paz en ese foro representaría una supuesta subordinación al “imperialismo”. El argumento es familiar. Se trata de un reflejo ideológico obtuso y necio, heredado de las corrientes radicales de la izquierda latinoamericana de los años 60 y 70, una visión del mundo congelada en una lógica binaria donde toda relación con Estados Unidos equivale automáticamente a servidumbre. Esa narrativa fue balbuceada durante 20 años por el discurso político del masismo encabezado por Evo Morales, que convirtió el antiimperialismo en una especie de dogma retórico.
“El imperio”, decía el cocalero, es maléfico, peligroso para la soberanía boliviana, es cruel. Su frase repetitiva e insufrible de: “Mientras exista el capitalismo y el imperialismo, va a seguir la lucha de los pueblos”. ¡Pamplinas! Su Gobierno y la de su heredero, Luis Arce Catacora, tuvieron el poder en las manos y gobernaron al margen de la ley y de una directa influencia política “imperialista”, pese a todo eso, su fracaso fue rotundo, no solo porque introdujeron una retórica impostora y corrupta, sino, porque estafaron al país, se robaron toda la plata que tenía Bolivia, dejando a la patria a centímetros de la quiebra económica y de valores........
