Bolivia en el limbo: ni la vieja política termina de morir ni la nueva logra nacer
La política boliviana vive hoy una realidad muy extraña y preocupante: el Movimiento al Socialismo (MAS) se rompió en pedazos, pero nadie vino a ocupar ese enorme vacío. En lugar de aparecer una alternativa fuerte, lo que quedó es un país políticamente quebrado. Los traumáticos 54 días de bloqueos que paralizaron nuestras carreteras dejaron claro que los ciudadanos ya no se sienten representados por nadie. Estamos atrapados en el limbo: Gramsci lo llamaría el claroscuro donde el MAS no termina de morir y el horizonte de un nuevo país no termina de nacer.
Este estancamiento es peligroso porque, aunque el partido esté dividido, su peor herencia sigue viva. El verdadero drama de Bolivia es que las malas mañas masistas se metieron debajo de la piel de la sociedad, un fenómeno que en nuestra historia recuerda a la degradación institucional que sufrió el MNR después de la Revolución del 52.
El prebendalismo, el chantaje corporativo de los sectores, los cupos de poder y la normalización de la corrupción como la única forma de ascenso social no se marcharon con la crisis del partido oficialista. Al contrario, esos vicios se democratizaron hacia abajo. Hoy, la corrupción y la extorsión institucional continúan operando como el motor invisible que mueve al Estado, reeditando las lógicas patrimonialistas que Bolivia arrastra desde la época republicana.
Las instituciones públicas se siguen manejando como un botín de guerra que todos se quieren repartir. Las siglas del MAS se debilitan, pero sus prácticas se........
