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Tan presentes esos ausentes

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07.04.2026

Hace cuatro meses, la época navideña última nos trajo un debate, a dos vueltas, sobre la revolución de 1952, entre el filósofo Hugo C. F. Mansilla y el abogado Horacio Calvo.

H.C.F. Mansilla expresa en sus dos intervenciones un superlativo desdén por la llamada revolución nacional, cultivadora de “prácticas y valores convencionales, propios del mundo premoderno, que van desde el caudillismo hasta el autoritarismo” (textual), en tanto que Calvo, reconoce fallas, pero encuentra que transformó “la estructura agraria, la educación, la composición del Estado e inició procesos sociales que (..) no habrían surgido espontáneamente bajo las élites conservadoras previas”.

La discusión transcurrió como un cordial intercambio de dos académicos, bolivianos, varones y urbanitas. Calvo, más apegado a las referencias históricas, ante un HCF que prefiere amurallarse en un espacio moral y filosófico. El vacío que aplana el debate es la renuncia conjunta a identificar y caracterizar a los sujetos sociales participantes del hecho histórico, limitándose Mansilla a mencionar el “ascenso de las clases medias”, en tanto que Calvo resalta las realizaciones (reformas, ciudadanía).

El “ascenso de clases medias, trae un cambio social decisivo para las clases medias urbanas (mestizas, criollas o acriolladas) que pasan, desde ese momento y sin interrupción hasta hoy, a conducir el Estado, desplazando a........

© Los Tiempos