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Un andaluz que no va a votar en las elecciones de Andalucía

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11.05.2026

Un andaluz que no va a votar en las elecciones de Andalucía

Cuando la política se reduce a una guerra de estímulos, el espacio público se vacía, la deliberación se extingue y la convivencia se polariza.

En uno de los carteles electorales que han comenzado a poblar nuestras calles andaluzas puede leerse: "Vota lo que sientes." Un lema revelador. Lo es, en primer lugar, porque podría pertenecer indistintamente a cualquiera de los partidos que concurren. Pero lo es, sobre todo, porque condensa el modelo pervertido de ciudadanía que pretende imponerse en nuestras democracias contemporáneas, el del elector emocional.

Durante décadas, al menos como ideal normativo, se sostuvo que la democracia requería ciudadanos capaces de deliberar, de contrastar argumentos, de evaluar programas y decidir en función de razones. Ese ideal nunca se cumplió del todo, pero servía de horizonte. Hoy, en cambio, parece haberse abandonado incluso como aspiración. El votante medio ya no es concebido como un sujeto racional en potencia, sino como un consumidor de estímulos políticos, alguien que se "activa" más que se convence.

El resultado es una transformación profunda del discurso público. Las campañas ya no apelan a la más mínima argumentación, sino a la identificación afectiva, como si fueran vulgares programas de tertulias compuestas por jabalíes, tenores y payasos. A ningún político se le pasa por la cabeza persuadir con algún argumento mínimamente racional, sino que únicamente trata de emocionar siguiendo las pautas de la empatía más demagógica y populista. Las consignas reemplazan a los programas, las imágenes sustituyen los razonamientos, y los asesores de campaña han desplazado a los ideólogos. La política se vuelve banal espectáculo y el ciudadano, público cautivo al que le señalan cuando aplaudir o silbar como si fueran focas........

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