David Hockney, el artista que salvó el arte
David Hockney, el artista que salvó el arte
Una aldea de irreductibles artistas siguió defendiendo la actividad trascendente del arte como una manifestación de la tríada de la estética medieval.
Los dos artistas más grandes del siglo XX por lo que respecta a las artes plásticas fueron Pablo Picasso y Marcel Duchamp. Sin embargo, representaban dos vías contradictorias. Mientras Picasso significaba continuar la gran tradición artística que arrancaba en Altamira y llegaba hasta Goya, pasando por el escultor del busto de Nefertiti, Fidias y Velázquez, consistente en, al tiempo, desvelar lo real universal escondido en la realidad aparente y expresar una visión particular pero universalizable, Duchamp, el gran sofista, lo que pretendía era más subversivo, destruir dicha tradición, convirtiendo la actividad artística en una combinación de arbitrariedad, capricho y nihilismo. Siguiendo la senda abierta por Duchamp nos vinieron la literal Mierda de artista de Piero Manzoni, el plátano pegado a una pared de Maurizio Cattelan y la performer que en La grande bellezza de Sorrentino se pegaba cabezazos contra un acueducto de Roma con una hoz y un martillo en el pubis depilado (describo de memoria, ahora me pregunto si lo de la hoz y el martillo es producto de mi imaginación).
Frente al antiarte antirrepresentacional y antihumanista de los duchampianos, una aldea de irreductibles artistas siguió defendiendo la actividad trascendente del arte como una manifestación de lo simbólico, el humanismo y la vieja, pero eterna, tríada de la estética medieval: lo bello como tercera característica clave ontológica junto al bien y la verdad. Pongamos que hablo del español Antonio López, del italiano........
