Crimen sin castigo suficiente
Crimen sin castigo suficiente
Es preciso distinguir los fuegos accidentales de los fuegos criminales, originados por negligencias o causados por una voluntad de hacer daño.
Soy uno de los miles de españoles que han sufrido la presencia del fuego en sus vidas y haciendas. La primera vez vi el fuego desatado en el pueblecito de la provincia de Badajoz en el que nació mi padre. Tendría yo unos 13 o 14 años, sonaron las campanas de la iglesia de un modo especial y los habitantes de Campillo de Llerena salieron de sus casas para ayudar a contener el desastre inminente con cubos, con herramientas, con miedo y con corazón. Yo fui también.
La última ha sido estos días en el entorno de El Castillo de las Guardas, Sevilla, una de las poblaciones más cercanas a la infernal hoguera que ha arrasado 40.000 hectáreas entre Niebla y Aznalcóllar, de las provincias de Huelva y Sevilla respectivamente. Esta vez, con una importante estructura antiincendios en el monte, fuimos prealertados por la Policía Autonómica Andaluza, que existe poco pero existe, y por la Guardia Civil. Cuando coches con sirena llegan junto a tu casa, ya te has alarmado. Es natural.
En sus palabras, las de ambos, que fueron dos las prealertas, no había que tener miedo alguno, que no se estaba obligado a evacuar de forma inmediata, que el fuego estaba a unos 15 kilómetros, que volverían a la hora que fuese en caso de desalojo, que lo tuviéramos todo preparado para salir y........
