Mediocres, envidiosos y resentidos, a la caza del discrepante
Mediocres, envidiosos y resentidos, a la caza del discrepante
La polémica sobre Jon González reabre el debate sobre cancelación, acoso digital y libertad de expresión por parte de la izquierda.
Lo sucedido estos días con Jon González no fue solo una polémica. Fue algo bastante más revelador y mucho más nauseabundo. Fue una amenaza. Un aviso a navegantes. Una demostración en tiempo real de cómo actúa una izquierda totalitaria que, cuando no puede rebatir una idea, decide perseguir a quien la expresa hasta hacerlo desaparecer del espacio público.
No se trataba de discutir unos datos. Se trataba de castigar a quien los había puesto sobre la mesa. No se trataba de demostrar que estaba equivocado. Se trataba de intoxicar su nombre. Y, como siempre ocurre en estas operaciones de linchamiento, el proceso fue muy evidente: sacar la discrepancia del terreno dialéctico y llevarla al terreno de la intimidación personal y profesional.
Ahí está la clave. Porque una........
