El espíritu de Raúl
No hay nada más sagrado que la propia firma. Seguiré demostrándolo en LD, mi casa desde hace quince años.
El día que enterramos a Raúl del Pozo cumplí quince años en Libertad Digital. Llegué al periódico de mi vida mientras estudiaba cuarto de Periodismo en la Complutense. Menos barrigón, con la misma masa capilar –Deo gratias– y más progre. Con el ímpetu de un argonauta en busca del vellocino de oro. Entonces pensaba, como García Márquez, que el periodismo es el mejor oficio del mundo; ahora, que frecuento la cofradía del desencanto y de la resignación, parafraseando a Cánovas, creo que soy periodista porque no puedo ser otra cosa.
Para mí, LD y Raúl han sido unos campamentos base no ya fabulosos, sino indispensables, vitales. Di mis primeros pasos como becario metiendo entradas en un última hora sobre Fukushima, al ritmo del "Suspiros de España" que interpretaba Carmen Jara para despedir aquel especial de Es la mañana de Federico.........
