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Jesús Fernández ÚbedaLibertad Digital |
Durante un rato, en el hemiciclo sólo existieron aquel trasunto euscaldún del mamoncete cinematográfico y el tipo que lo sostiene en sus brazos.
Pena ninguna por Cuerpo: le va en el sueldo. Eso sí, yo, en su lugar, estaría cagándome en las muelas del finstro que le colgó semejante marrón.
El póker constituyente de la Docta Casa que preside un Renfield de Zapatero me despierta, a la vez, ternura y aprensión.
El líder de la oposición preguntó como debía y sobre lo que debía. Abascal firmó una intervención como del Sombrerero Loco.
Miguel Tellado exhibió sonrisa de marrajo después de desguazar la vida, obra y desastres de Yolanda Díaz.
Con Sánchez en Cipango y Cuerpo en EEUU, el Congreso se manifestó como el Efecto Casimir: incluso en el vacío, hay energía.
Feijóo recibió palos de todos; Abascal, de todos, menos de Feijóo. Sánchez acusó a PP y Vox de contribuir "con su apoyo" al "desastre absoluto".
Montero exudó cortisol a espuertas, el PP lo olió y, con la crueldad pertinente, hurgó en la herida de los fracasos electorales recientes y venideros.
No hay nada más sagrado que la propia firma. Seguiré demostrándolo en LD, mi casa desde hace quince años.