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La otra invasión

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11.08.2026

La gran ventaja de Pekín es que no necesita corromper a nadie en el sentido vulgar de la palabra, aunque ocasionalmente lo haga.

Ceuta nos ha mostrado la forma antigua de una invasión: súbita, visible, imposible de ignorar. Pero hay otras formas de invasión que no necesitan derribar fronteras. Entran como inversión, cooperación, fábricas, contratos, viajes y promesas de prosperidad. No despiertan miedo, sino entusiasmo. No necesitan vencer ninguna resistencia: les basta con conseguir que el asalto parezca una oportunidad.

Hablo de China y de otra invasión en marcha que no llega nadando, no salta vallas y no provoca estampidas. Aterriza en clase business, firma memorandos, patrocina foros, compra empresas, construye fábricas y se presenta con un rostro amable envuelto en eufemismos: cooperación, inversión, reindustrialización.

Antes de que se me acuse de sinófobo, lo dejaré claro: no hablo de los chinos, ni siquiera de las empresas chinas por el mero hecho de serlo. Hablo del avance estratégico de un Partido-Estado que lleva décadas aprendiendo a convertir la economía, la tecnología, las relaciones personales y el prestigio en instrumentos de poder.

La gran ventaja de Pekín es que no necesita corromper a nadie en el sentido vulgar de la palabra, aunque ocasionalmente lo haga. La corrupción deja sobres. La influencia legal deja tarjetas de embarque, fotografías en un foro con todos los gastos pagados y agendas llenas de contactos. Un viaje, una invitación, una conferencia, un puesto, una consultoría, una red para la proyección........

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