ZP: la corrupción es lo de menos
ZP: la corrupción es lo de menos
La historia lo juzgará por las consecuencias de una forma de hacer política que debilitó los vínculos de confianza que mantienen unida a una nación.
No les voy a hablar de la presunta implicación de José Luis Rodríguez Zapatero en las investigaciones judiciales que llenan portadas, tertulias y horas de televisión. Para eso están los jueces, la policía y los periodistas, que averiguarán qué hay de cierto en ese océano de agendas, reuniones discretas, informes, registros y sospechas que se extienden cada día por el debate público. Pero asumamos por un momento que se demuestra su culpabilidad. Imaginemos además que se puede cuantificar el importe de sus ingresos obtenidos de manera ilícita, y que la cifra es alta. Altísima. Pensemos en decenas de millones de euros. 10, 20, o 30 millones de euros que hubiera obtenido indebidamente. Sería un escándalo mayúsculo, que merecería –por supuesto– una condena y la restitución de esas cantidades. Y sin embargo… en el caso de ZP, eso sería lo de menos.
La historia suele recordar a los gobernantes por una gran decisión. A unos por una guerra, a otros por una reforma y a otros por una crisis. Zapatero corre el riesgo de ser recordado por algo bastante más profundo: por haber inoculado en la política española una forma de entender el poder basada en la disolución progresiva de los límites, los consensos y las lealtades compartidas. No por un escándalo concreto, sino por una manera de gobernar que convirtió la fragmentación en la forma de hacer política.
Pasaré de puntillas sobre la crisis económica de 2008. Aquello pertenece ya a la arqueología de los desastres nacionales. Mientras el paro crecía, el crédito desaparecía y las empresas desaparecían, el Gobierno seguía distribuyendo un ficticio optimismo institucional. Hasta que la realidad, que tiene la desagradable costumbre de ignorar los discursos oficiales, irrumpió en escena y obligó al presidente a anunciar el mayor ajuste social de nuestra democracia. Fue una secuencia casi literaria: primero la negación, después la rectificación y finalmente la factura.........
