Andalucía y el descalabro de la extrema izquierda
Andalucía y el descalabro de la extrema izquierda
El acuerdo electoral de este viernes es la mejor prueba del momento crítico de una extrema izquierda que sólo se une ante la posibilidad de desaparecer.
Traicionando su propia estrategia desde hace bastante tiempo, Podemos ha claudicado y formará parte de la ensalada de partidos de extrema izquierda que concurrirá unida a las elecciones en Andalucía y que encabezan IU y Sumar. El acuerdo ha llegado este Viernes Santo, a sólo unas horas del cierre del plazo para presentar candidaturas y tras duras negociaciones por los puestos en las listas que dejan en ridículo esa retórica tan habitual sobre la importancia de la unidad: aquí todo el mundo quiere su parte del pastel.
Lo más relevante de esta noticia es, permítannos el juego de palabras, su irrelevancia: después de los naufragios en Aragón y en Castilla y León estas formaciones han dejado claro que su peso electoral es mínimo e, incluso en una comunidad autónoma que tradicionalmente les ha sido propicia y a pesar de que el PSOE tiene una de sus peores candidatas de la historia, lo más probable es que estas próximas elecciones también les condenen a un papel de meros comparsas en el Parlamento andaluz.
De hecho, el propio acuerdo electoral de este viernes es la mejor prueba de ese momento crítico: sólo ante la posibilidad real de la desaparición y la previsible pérdida de los sueldos públicos pasan a un segundo plano los odios cainitas que separan a fuerzas como Podemos, Sumar o la propia IU, cuñas de la misma madera unas de otras, diferentes versiones de lo mismo creadas sin otra pretensión que arrasar con los anteriores ocupantes de ese "espacio político", como ellos mismos dicen.
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Especialmente llamativo es el caso de Podemos, que lleva desde 2023 tratando de marcar distancia del Gobierno y hacerse con su propio hueco en la más extrema de las izquierdas, pero ha fracasado de una forma lamentable. Es cierto que no son tiempos propicios para unas formaciones cuya miseria moral e intelectual se han hecho evidentes en los últimos años no sólo en España sino en todo el mundo, pero también lo es que el partido morado es víctima de su propia cobardía y que ha sido incapaz de aprovechar las muchas oportunidades que le han dado un Sumar patético y un Gobierno corrupto hasta las trancas, ante los que los de Montero y Belarra se han limitado a altisonantes declaraciones y pellizcos de monja parlamentarios.
Podemos, y también Sumar e IU, son víctimas también de su propio sectarismo, que les ha colocado a los pies de un PSOE que, en lugar de hundirse por su lamentable gestión y la catarata increíble de escándalos va sosteniéndose a base de hundir a sus socios.
Finalmente, hay que reseñar que este hundimiento de los partidos más a la izquierda y las ideologías más extremistas sería una excelente noticia… de no ser porque lo que ha ocurrido es, en cierto modo, lo contrario: lo que hasta hace no tanto eran las posturas disparatadas de grupúsculos minoritarios son hoy en día las posiciones habituales tanto en los medios como en los parlamentos y, en buena medida, los representantes tradicionales de la socialdemocracia han sido laminados, bien por partidos nuevos a la extrema izquierda o la extrema derecha, bien, como en el caso del PSOE, por líderes sin escrúpulos capaces de subirse a la ola de la radicalidad con tal de sobrevivir políticamente.
Elecciones andaluzas 2026
