Cuánto dinero nos cuesta que los adolescentes no se levanten en el autobús
Cuánto dinero nos cuesta que los adolescentes no se levanten en el autobús
Hemos ido ampliando las opciones de lo que se podía hacer y es tolerable en el espacio público. Y eso tiene consecuencias.
El artículo que más me ha preocupado de los leídos en los últimos meses no tiene que ver con Sánchez y su corrupción, ni con el coste de la vivienda, ni con impuestos. Se trata de éste, en The Spectator, "Shameless Britain: we are a nation of shoplifters" (podríamos traducirlo como "Gran Bretaña desvergonzada: somos un país de rateros").
No es el primero que leo en la prensa británica similar. De hecho, diría que menudean en los últimos años. Cada poco tiempo te encuentras a un columnista un poco rancio —como yo: de los buenos— que se pregunta qué está pasando en su país. A lo mejor no es para tanto. Quizás me he puesto melancólico porque estoy muy british en los últimos meses, releyendo a Agatha Christie, estudiando a Roger Scruton y viendo pelis clásicas de Hitchcock.
Pero no creo que sea sólo por eso. Para empezar, porque ni de broma es algo privativo de las islas. Por ejemplo, este miércoles, mientras preparaba esta columna, me encontré con este otro artículo en The Wall Street Journal: los dueños de algunos centros comerciales en EEUU están prohibiendo la entrada a grupos de adolescentes por miedo a disturbios —peleas, hurtos en grupo, desorden en las zonas comunes…—. En muchos malls, los menores de 18 años sólo pueden entrar si están acompañados de un adulto de más de 21.
Antes de seguir, dos puntualizaciones. La primera, éste no es un artículo para idealizar el pasado. Recuerdo perfectamente el Madrid de los 80 en el que crecí: una ciudad mucho más sucia e insegura que en la actualidad. En algunos de los aspectos más graves —por ejemplo, el crimen violento— estamos bastante mejor que entonces.
La segunda puntualización es un aviso: esto tampoco tiene que ver con la inmigración. Aunque también es un factor a tener en cuenta —diferentes costumbres, comunidades que no sienten las mismas lealtades—, los periódicos británicos están hablando de ingleses de los de toda la vida, blanquitos y con pecas. Y tampoco es exclusivo de los jóvenes: en la oleada de hurtos en las tiendas, buena parte de los culpables están ya bien........
