menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

No hemos dejado de matar a Lorca

12 0
15.09.2026

Federico Garcia Lorca. / Junta de Andalucía

Hace unos días asistí, casi por casualidad, a una conversación en la que varias personas discutían sobre las razones por las que Lorca había llegado a convertirse, quizá como ningún otro escritor español del siglo XX, en una figura cuya presencia parece haber desbordado hace tiempo el territorio estrictamente literario para instalarse en esa región imprecisa, pero poderosísima, en la que algunos nombres pasan a formar parte de la conciencia histórica de un país. Alguien sostuvo entonces una idea, expresada quizá de manera deliberadamente provocadora: que a Lorca lo había hecho inmortal su asesinato y que esa inmortalidad tenía que ver con su condición sexual, política e intelectual, una conjunción que, en la España de 1936, resultaba explosiva.

Cierto es que desde entonces, la literatura española carga con una paradoja que ningún lector de buena fe puede ignorar. Para leer a Lorca basta, naturalmente, con Lorca; pero para comprender lo que su nombre significa en la historia de España resulta imposible dejar a un lado el hecho de que fue asesinado cuando tenía treinta y ocho años, en los primeros compases de una insurrección que habría de devorar no sólo un gobierno legítimamente elegido, sino también sus proyectos de país y sus posibilidades de futuro. Esto conviene recordarlo con precisión: Federico García Lorca fue un poeta extraordinario, un dramaturgo mayor y una de las inteligencias artísticas más poderosas del siglo XX español. Pero fue también algo más que un escritor al que la........

© Levante