El '10' de copas
Raquel Carrera y Khaalia Hillsman, capitana y MVP de la final / Germán Caballero
El Valencia Basket continúa escribiendo páginas doradas en la historia del deporte valenciano. La conquista de la Copa de la Reina en Tarragona no es solo un título más, es la confirmación de un proyecto sólido, ambicioso y acostumbrado ya a competir, y ganar, en la élite.
Este nuevo éxito tiene múltiples lecturas. Por un lado, supone el décimo trofeo del equipo femenino, una cifra redonda que evidencia el crecimiento y éxito meteórico de la sección en apenas unos años. Por otro, se trata del primer gran título de la plantilla femenina que inaugura la era del Roig Arena, un símbolo de futuro que ya empieza a asociarse con victorias. Título que posará al lado del conseguido en la Supercopa masculina de Málaga del pasado septiembre.
Pero quizá lo más significativo sea el camino hasta levantar esta Copa. El equipo ha sabido sobreponerse a los tropiezos recientes. Hace apenas un año, el conjunto valenciano se despedía en cuartos de final tras caer ante el CB Jairis, precisamente el mismo rival al que ha derrotado en la final de 2026. Donde antes hubo una tremenda decepción, hoy hay reivindicación. Donde hubo dudas, ahora hay certezas y orgullo.
También conviene recordar que la última Copa de la Reina que levantó el Valencia Basket fue en 2024, en Huelva, tras imponerse al ‘todopoderoso’ Perfumerías Avenida. Desde entonces, el equipo ha vivido momentos de exigencia máxima, como la derrota a principios de temporada en la final de la Supercopa frente al Casademont Zaragoza en Huesca. Golpes que, lejos de debilitar al grupo, han servido para reforzar su carácter competitivo.
Este título, por tanto, no es solo una copa más en la vitrina. Es una respuesta. Una afirmación de identidad. El Valencia Basket femenino ha demostrado que sabe caerse, pero sobre todo que el impulso de la afición y de la camiseta hacen que se levante. Y en el deporte de élite, esa es la diferencia entre un buen equipo y un equipo campeón.
Lo conseguido en Tarragona trasciende lo puramente deportivo. Refuerza la apuesta por el baloncesto femenino, consolida un proyecto referente y lanza un mensaje claro: este equipo no ha tocado techo. La historia continúa. Finalizando estas líneas me viene a la mente el vídeo de Julen jugando con el confeti caído al parquet del Palau d’Esports de Tarragona tras alzar el trofeo a lo más alto, su primer título y posiblemente la última Copa de su madre, Cristina Ouviña.
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