Jaume I: del callejón al bulevar
La estatua de Jaume I en el Parterre de València / Fernando Bustamante
En Valencia, Gil Albert tiene calle en La Punta, que por poco las autoridades sitúan al escritor fuera del término. El poeta Estellés ocupa plaza en Benicalap: casi resbala hacia las afueras. A Joan Fuster hay que encontrarlo por Tres Forques, difuminado entre las mil viviendas del grupo Antonio Rueda: lo enviaron lejos de la Casa Gran por provocador. José Gaos ni tiene calle, ni acera, ni baldosa alguna, que sepa yo, y murió en el exilio mexicano (su notaría estaba en Pintor Sorolla, casa donde nacieron los Gaos: Vicente, el poeta, con calle en Algirós, también muy alejado de donde nació, y Lola, a la que ubicaron en Malilla). A Max Aub le pusieron placa en Benimaclet, aunque vivía en Les Garrigues, al lado del teatro Olympia, y después -lo sabemos por La Gallina Ciega- en Almirante Cadarso. O sea, que aquí los titulares de lustrosas avenidas, limpias y céntricas son los de siempre: Joaquín Sorolla y Blasco Ibañez (no me olvido de Pinazo y de Guillem de Castro y de Ribera, con robusta presencia, ni de Roig y March, pero Benlliure y el gran Martorell -nuestro Cervantes- ya andan un tanto deslucidos). Nada que objetar, aunque Sorolla pasó gran parte de su vida en Madrid y allí es donde está la Casa-Museo (como el maestro Serrano, que apenas volvió por Sueca, aunque en verano acudía a El Perelló: la diputación le regaló una casa a orillas del mar. En lugar de crear una casa-museo la derribaron y construyeron apartamentos). El fundador de Valencia, Jaime I, posee la titularidad de una........
