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España como realidad social y cultural

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12.03.2026

Milicianos republicanos en Francia fotografiados por Capa. / EFE

El libro Vidas españolas. Razón biográfica de España (siglos XVI-XX) de Ricardo García Cárcel y Juan Pablo Fusi (Taurus-Penguin-Random, 2025) auspiciado por Javier Gomá Lanzón, presidente de la Fundación Juan March, es un buen resumen de algunos de los personajes que han marcado el devenir de la Historia de España. Se han elegido referentes de la Edad Moderna y Contemporánea, para analizar sus trayectorias políticas o culturales, adaptadas a las investigaciones realizadas en los últimos tiempos. Puede que en esa elección haya un componente subjetivo, que no coincida plenamente con otros criterios. No obstante, los que están sirven para reflejar su participación en la política, economía o cultura españolas. Los análisis no se limitan a destacar y ponderar las características aisladas de sus trayectorias sino que están engarzadas con otros personajes y coyunturas de su misma época, para contextualizar lo relevante de sus acciones. Así, encontramos referencias, entre otras, en: 'Juan Mariana, la Compañía de Jesús y la capacidad crítica'; 'Cervantes. Más allá del Quijote'; 'Lope y Calderón. Los avatares de la representación teatral'; 'Feijoo, Mayans y la primera Ilustración'; 'Joan Maragall y la modernidad catalana'; 'Fernando Giner de los Ríos. La educación en España'; 'Falla y la música española'; 'Picasso y el arte del siglo XX'; 'María Larrañaga y Clara Campoamor. El feminismo en España (de 1898 a la República)'.

En cada uno de ellos se manifiestan los avatares históricos en los que intervinieron para configurar un panorama global de aquellos que moldearon la Historia de España dentro de una concepción unitaria, a la que ellos mismos se acogieron. Existe, por tanto, una retahíla de autores que dieron por sentado que la realidad española es permanente, por encima de las controversias y unanimidades que pudieran tener sobre ella en los asuntos en los que intervinieron. Incluso en aquellas propuestas -sean reivindicaciones históricas del Antiguo Régimen, federales o confederales- en las que pivotaron las distintas configuraciones del territorio se mantuvo la unidad conceptual de España. Hubo, sin embargo, un tiempo en que predominó como denominación sustitutiva la expresión “Estado español”, cuando existía una tradición mayoritaria que la consideró como entidad política y cultural sin ser un obstáculo para el surgimiento de otras alternativas culturales y territoriales. Incluso la entidad “España” se manifestó en los albores de la Edad Moderna no solo como concepto geográfico, en la misma estela que las demás realidades europeas. Y eso es lo que puede deducirse de los personajes elegidos por los autores. Tal vez por ello podría añadirse en un mismo entramado a Pi i Margall, Salmerón, Castelar o Blasco Ibáñez, junto a Pablo Iglesias, Anselmo Lorenzo, Federico Urales, Montserrat Montseny o Ángel Pestaña en “algunos teóricos anarquistas”

Existieron, y existen, propuestas diferentes de cómo compaginar las distintas diferencias culturales y lingüísticas con el entramado de una convivencia unitaria. El liberalismo español no solucionó la estructura permanente del Estado y por eso surgieron diferentes reivindicaciones que siguen vigentes en la sociología política española. La dialéctica entre unidad y diversidad se viene manteniendo específicamente desde el siglo XVIII para explosionar en una proyección constante durante los siglos XIX, XX y XXI, y así seguimos. No resultó como en Francia, a pesar de sus influencias sobre España, donde el espíritu jacobino triunfó con concesiones a los girondinos. Aquí costó, y todavía cuesta, asimilar una unidad fáctica mantenida permanentemente, de ahí las luchas carlistas, federales, cantonalistas, autonomistas, separatistas y unitaristas en sus versiones liberal o autoritaria siguen subsistiendo. La Constitución de 1978 trató de llegar a un acuerdo para acabar de una vez con el asunto, pero todavía seguimos en la ruleta, discutiendo sobre si somos un camino autonomista para alcanzar un Estado federal, si eliminar las autonomías para mantener una centralidad política a la vieja usanza, acabar en estados diferentes con una misma plataforma de colaboración a la manera de Brasil o simplemente que cada cual siga su propia trayectoria.

El problema se complica aún más contemplando la diversidad una vez promulgados los Estatutos. No es fácil reestructurar el sistema para que cada autonomía pueda, en el ámbito de sus competencias, desarrollar su propia dinámica como ocurre en países con tradición federal. No tiene el mismo desarrollo social y económico Massachussets y California que Luisana o Alabama, pero una gran mayoría se sienten estadounidenses, aunque exista en algunos sectores ideológicos el temor a que los emigrantes hispanos pueden acabar con la identidad histórica de blanco, protestante y de lengua inglesa. El problema tiene rasgos específicos en el caso de España, como ya se vio en al acceso a la Autonomía. Existe la tendencia mayoritaria a que todas tengan las mismas oportunidades y condiciones para su desarrollo. El 'café para todos' sigue presente en muchos casos aunque las evoluciones sean distintas pero se reclama una financiación equilibrada, igualitaria, sin matices. Y surgen propuestas de las diferentes opciones políticas más allá de fórmulas como la de los conciertos vascos y navarro recogidos en la Constitución.

García Cárcel y Fusí destacan como una cantidad de personajes de distintas épocas y tendencias ideológicas utilizan España como una realidad social mayoritaria, y eso sigue vigente. ¿Es posible llegar a acuerdos o mantener la conllevanza orteguiana en un equilibrio permanente? Los autores han puesto en evidencia a aquellos que nunca dudaron de que España es algo más que la unidad de cuarteles de la Guardia Civil en lo universal o la Liga de Fútbol, utilizando las investigaciones recientes, suyas y de otros. En comidillas académicas se ha aludido a errores tipográficos en el texto sin analizar el contenido y el sentido de los que representa en el contexto político actual, se esté de acuerdo o no. Incluso ha sido objeto de críticas infundadas que lo presentan como una obra realizada por la IA, cuando realmente más parece más una patada a Gomá en el trasero de los autores.


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