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El futuro de las Fallas: Cinco aspectos que necesitan ideas nuevas

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19.03.2026

La sociedad es cambiante y, por ende, las Fallas también deben serlo. / Celeste Martínez

Entrada la madrugada de esta noche, el cielo de una gran parte de la geografía valenciana se cubrirá del humo de cientos de hogueras para simbolizar el paso inminente a la (siempre) ansiada primavera, la merecida quema de todo lo malo y un sentido homenaje a Sant Josep y a los padres buenos del mundo, que no es poco y no son pocos, afortunadamente. Pero la jornada de hoy y las siguientes sirven siempre, además, para ahondar en cuestiones relativas al desarrollo de las Fallas, un análisis que este año viene cargado y que yo sintetizaría en un 'necesitamos ideas nuevas para una fiesta antigua'. Ya.

La Ofrenda: no es posible que año tras año (independientemente de quien gobierne) se produzcan interminables retrasos y que las falleras mayores, entre una cosa y otra, acaben a las 3 de la madrugada. No es de recibo que, con un horario marcado y un recorrido establecido de años, se siga produciendo el mismo cuello de botella, ese embudo insufrible que hace que cientos de personas (muchísimas de ellas niñas) se casquen dos horas, literales, de plantón, cuando la ofrenda se realiza en media hora. Ampliar días, ampliar horario, una participación limitada, por años en las comisiones... Faltan ideas nuevas para solucionar este colapso eterno.

La mascletà: ya lo he dejado por escrito en otro artículo así que está clara mi postura, pero 'cal fer una repensadeta' a la ubicación, duración y acceso a la mascletà, por seguridad para todos. Igual, digo yo, habrá que plantear un control de acceso de alguna manera, un cambio de sitio (algunos días como mínimo) o una itinerancia de lugar, por ejemplo. Pero algo hay que pensar, ideas nuevas, porque los tiempos cambian, todo cambia, pero cada vez hay mas peligro por la cantidad de afluencia de personas, que no para de aumentar año tras año de una manera incontenible. La sociedad está en una trasnformación continua y, por ende, las Fallas también deben sumarse al movimiento. En este punto meto también el tema de la movilidad, que este año ha dado muestras palpables de cómo de mal planificada está, sin ningún tipo de mentalidad metropolitana.

El civismo o la falta de él, mejor dicho: junto con los problemas de acceso a la ciudad los días grandes de las Fallas, la basura y la falta de civismo han sido otra de las mechas que más pronto ha ardido en las fiestas de 2026. Es imposible controlar a miles de personas miccionando y vomitando por las calles de una ciudad. Ninguna, ni la ciudad ideal de Trump, tendría tanta policía. Pero hacen falta ideas nuevas para solucionar esta imagen deplorable que se transmite año tras año sin que nadie lo aborde con valentía. Ver el patrimonio maltratado y maloliente provoca tristeza y desazón. A todos, falleros y no falleros.

La tasa turística: nadie quiere abrir este melón que, por otra parte, está abierto y consumido ya desde hace años en diferentes lugares de Europa. Quizás, no obstante, esta denostada tasa ayudaría a paliar el descontento social que existe por la imagen de impunidad total que se transmite cuando miles de visitantes vienen a la ciudad, generan residuos, consumen recurso, pero abonan solo su hotel o restaurante y poco más. No se percibe que haya un beneficio secundario para el resto de la ciudadanía, que sí sufre el deterioro de su ciudad y de su calidad de vida durante tres semanas.

Las famosas carpas: el censo fallero no ha parado de crecer en València y municipios falleros desde la pandemia de covid. Los casales se han quedado pequeños y estas construcciones efímeras son la única opción. ¿Lo son? Habrá que darle una vuelta, porque va a ser difícil sostener la paz social si las carpas se instalan a principios del mes de marzo. El quid de la cuestión radica en la pura logística: si hay que instalar miles de carpas en València y en los municipios falleros para que estén listas el 15 de marzo, las empresas responsables tienen que ponerse con tiempo de antelación. Otra cosa es que las comisiones quieran tenerlas pronto para empezar la fiesta pronto también, pero eso es otra historia que también habrá que abordar. Si vamos a tener verbenas hasta las tantas, habrá que plantear declarar festivos esos días para que el resto de la población, al menos, pueda descansar y no morir de agotamiento en el trabajo. En cualquier caso, insisto, hacen falta ideas nuevas.

Aunque siempre he sido optimista por naturaleza debo confesarles que no espero grandes cambios para el año que viene. Ustedes tampoco deberían esperarlos. Los cambios asustan y, además, es año electoral. Nadie, ni el gobierno ni en la oposición, encontrará el momento para abordar temas tan espinosos como éste. No obstante, les emplazo al 2027 y, si todo va bien, el 19 de marzo las analizamos juntos.

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