La política exterior de una democracia avanzada
Pedro Sánchez, en una imagen del pasado viernes. / Clara Carrasco
Las grandes líneas de la política exterior de una democracia avanzada debieran ser compartidas por la inmensa mayoría de los diputados y senadores que, constituidos en Cortes Generales, representan al pueblo soberano. Pues a nadie se oculta que las decisiones en política exterior afectan a la totalidad de los ciudadanos.
Al menos debieran ser resultado del consenso entre los grandes partidos políticos, PSOE y PP, a los que votan la inmensa mayoría de los españoles, con la finalidad de evitar virajes indeseables con ocasión del relevo en el Gobierno del Estado.
Pero lo cierto es que desde el inicio de la democracia los presidentes del Gobierno se han apropiado de la competencia en materia de política exterior, que han ejercido sin contar con el primer partido de la oposición, y en no pocas ocasiones sin contar siquiera con los partidos políticos que ostentan la mayoría en el Congreso y en el Senado. Puede recordarse que Calvo Sotelo, sin contar con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) decidió ingresar en la OTAN. Felipe González decidió intervenir en la Guerra del Golfo sin contar con el Partido Popular (PP). José María Aznar decidió intervenir en la guerra de Irak, igualmente sin contar con el PSOE. Y aunque fuera en asuntos menos trascendentes que los antes referidos José Luis Rodríguez y Mariano Rajoy procedieron en la misma línea que sus antecesores en la presidencia del Gobierno.
Con estos antecedentes es difícil........
