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Idealista, Tinder, Infojobs

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08.04.2026

Un usuario de la app Tinder / Levante-EMV

"Uclés es capaz de hacer una reseña del concierto de Rosalía y mencionarse a sí mismo exactamente 62 veces. Es un delirio. En realidad es el escritor milenial perfecto: no hay más que yo, mí, me, conmigo". Hace un par de días se viralizó un texto publicado en La Vanguardia por el escritor de moda sobre la artista del momento, y el periodista David Alandete tuiteó este comentario atizando, de paso, a una generación entera, caricaturizada como el joven Narciso, tan pagado de sí mismo que los dioses lo condenaron a enamorarse perdida y mortalmente de su propio reflejo.

Los análisis generacionales tienen éxito comercial pero pecan de reduccionistas, estereotipados y soberbios, en especial cuando se abordan desde las afueras de la generación diseccionada, como hace el exdirector adjunto de El País con quienes comprobaron, por primera vez en la historia, que la pantalla también era espejo. Las redes sociales no existían cuando las Spice Girls cantaban "Wannabe", Dover llamaba al diablo o Limp Bizkit incendiaba Woodstock en el 99; no había Facebook en Matrix ni en "la madre de José me está volviendo loco"; tampoco funcionaba Instagram cuando Britney Spears se rapó al cero.

No es tanto compartir referencias culturales y estéticas como haberse expuesto a la radiación primigenia de Internet: los nacidos entre 1981 y 1996 llegaron vírgenes al amanecer de las redes, entre la inocencia y el ciberfetichismo, creyéndose la nueva Torre de Babel. Sin embargo: "Toda esta efervescencia social digital es, en el fondo, suntuaria, decorativa. Es inservible para lo que debería servir la vida en común: cuidar los unos de los otros", escribía César Rendueles en ‘Sociofobia’ en 2013. La torre no tardó en........

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