menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El trabajo de la cita

1 0
08.07.2026

Nombre de usuario o dirección de correo

“No hacemos sino citarnos los unos a los otros”Michel de Montaigne

Me trae aquí haber leído La segunda mano o el trabajo de la cita de Antoine Compagnon (Acantilado, 2020), un extenso estudio que profundiza, desde una perspectiva literaria y lingüística, en el funcionamiento de la cita textual. El libro de Compagnon, si bien agotador como aquello que persigue ser exhaustivo, sistemático y especializado, es valioso para pensar el trabajo de la cita, su operación, su potencial, su creatividad, en esta época de retweets, de simulacros, de frases descontextualizadas, de originales creados por IA, de literatura experimental transmedia, de Creative Commons y open access.

El diccionario de la RAE ofrece las siguientes definiciones de cita:

• Reunión o encuentro entre dos o más personas, previamente acordado. Ejemplo: “Se divirtieron mucho en su primera cita”.

• Mención. Ejemplo: “Ella recordó una cita de Michel de Montaigne para dar paso al segundo momento de esta charla”.

Estas definiciones por sí solas resultan insuficientes para pensar la cita a la manera de Compagnon. La cita hay que pensarla en ambas acepciones al tiempo: como mención –a saber, como la repetición de las palabras de alguien más– y también como encuentro, reunión. La cita exigenuestra presencia para acentuar dos cosas distintas: en primer lugar, recordarnos que estamos dentro de un texto, frente a palabras, pero también que hay un afuera de ese texto que no podría ser otra cosa que otro texto. La cita es un llamado de atención, tanto de quien ha leído y ahora inscribe la frase de otro en su escrito, como de quien lee el texto que ya recupera las palabras de alguien más en la escritura. Es, además, punto de encuentro entre lecturas y entre autores, que inaugura relaciones antes invisibles, capaces de modificar tanto la cita original como su repetición posterior, dice Compagnon. Para aclarar esto, me parece útil pensar esta partícula primero durante la lectura y después como parte de la escritura.

Cuando citamos, lo que estamos haciendo es una extracción, una mutilación, explica el catedrático de la Sorbona. Vamos leyendo y de pronto nuestra vista se detiene en una oración aislada del texto, de lo que le antecede y lo que le sigue. Extirpo ese fragmento porque en él reconozco algo valioso, un aglutinamiento de sentido inusual que necesito apropiarme. Esta extracción evidencia que una parte de la lectura descansa en una operación inicial de depredación, una búsqueda de apropiación, probablemente movilizada por un deseo de sentido y memoria.

Normalmente subrayamos esas citas que buscamos apropiarnos durante la lectura. Para seguir citando, dice Erasmo de Rotterdam en De duplici copia, recuperado por Compagnon, que subrayar un texto es trazar la línea por donde hay que recortar. Lo que hace el subrayado es superponer una nueva puntuación al texto; es la muestra de nuestra propia huella en él. Nuestros subrayados trazan un mapa de nuestra propia lectura, de nuestras inquietudes y necesidades. Es el ex libris menos discutido, dice Antoine Compagnon, es una etiqueta, sello o marca personalizada para identificar no sólo un tránsito, sino también propiedad.

La cita es también un lugar de reconocimiento y una referencia de lectura. Integra el texto en un tejido de tejidos. Esta red de textos que inaugura la cita nos refrenda nuestras competencias y conocimiento como lectores, nuestras sagradas escrituras llenas de subrayados, pasiones, deseos y ex-citaciones, juega Compagnon. Louis Massignon dice que la cita ocurre cuando dentro de nuestra más íntima preferencia interviene de forma persuasiva “otra personalidad, que provoca un sentimiento fraternal”. Es entonces un reconocimiento de lo transitado, pero también de........

© Letras Libres