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Funar o morir

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07.05.2026

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Llevo años siendo blanco de lo que en Chile llamamos “funas”, esa práctica que consiste en señalar públicamente a alguien para que la tribu caiga sobre él por X, Facebook, y a veces, pocas veces Instagram. Por esas redes los animalistas me mandaron fotos de mis hijas siendo sacrificadas en un matadero. Querían que yo dejara de existir pero carecían de los medios para lograrlo, lo cual los volvía patéticos y casi tiernos, si no fuera por las fotos algo más que inquietantes. 

Las feministas pidieron mi cabeza a la universidad donde trabajo, y el rector tuvo que negársela. No necesitaron amenazarme como los animalistas, les bastó con presionar en los lugares correctos, con la paciencia de quien conoce la arquitectura institucional. Su odio no era personal: me interponía entre ellas y el poder, un poder que por lo demás me parecía justo y necesario que consiguieran. Quise desesperadamente algún debate para aclararle esto último, nunca lo obtuve. No había nada que hablar, tenía simplemente que callarme para que la rueda de la historia siguiera girando sin mi.

 Los comunistas tuitean todos lo mismo al mismo tiempo con una coordinación que haría llorar de envidia, pero no varían apenas los insultos que tienen que ver con mi supuesta condición de millonario. Como esta no existe su odio masivo pero vano apenas logró herir. Ellos siguen fieles al error hasta que la orden de partido les indica una nueva víctima a la que acosar. El Frente Amplio me odió con una torpeza conmovedora: Alondra, la dirigente autonomista, dijo que quería cortarle la cabeza porque tradujo en Google Translator la letra de una vieja canción canadiense que no decía exactamente lo que ella temía que........

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