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Carta desde Santiago. Espectadores profesionales

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09.07.2026

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Los chilenos tenemos derecho al mejor asiento posible para ver este apasionante Mundial. Somos de los pocos países de las dos Américas que no jugaron ni juegan en la cancha, pero conocemos de cerca, de muy cerca, tanto a los que juegan como a los que dirigen. Amamos el fútbol desde edades inmemoriales, pero el fútbol no nos ama a nosotros. Hemos criado jugadores de excepción para el fútbol español (Zamorano), el mexicano (Reinoso), el brasileño (Elías Figueroa) y hasta el inglés (Sánchez) e italiano (Vidal), pero solo dos veces en nuestra historia hemos tenido algo parecido a un partido que puedan envidiarnos nuestros vecinos.

La primera vez que existimos más allá de nuestro vecindario fue para el Mundial del 62, que organizamos nosotros. La razón por la que el Mundial se hizo en Chile ese año resulta, mirada desde la FIFA de hoy, inimaginable. Chile acababa de sobrevivir a uno de los terremotos más agitados de la historia mundial, y como “no tenía nada” –según dicen que dijo Carlos Dittborn, el organizador– lo quería todo. Para darle un empujón a la reconstrucción, se decidió sostener el Mundial en un país aún devastado. El equipo que logramos inscribir, para pelear contra un Brasil sin Pelé, llegó a cuartos de final.

El otro gran momento del fútbol chileno tuvo mucho que........

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