Pianistas: el cerebro en los dedos
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Los pianistas son la aristocracia de los músicos. Producen casi tanta fascinación como los cantantes. Son las prima donnas de las manos: sus diez dedos parecen en realidad dos docenas, como si se sacaran de la manga unos cuantos más para golpear con precisión todas las teclas necesarias en las piezas más difíciles de Chopin, Rachmáninov o Liszt. Quizá por eso los rodea esa aura de fragilidad soberbia: nos parecen trapecistas en escena, pues un error de milésimas de segundo puede arruinarles un pasaje entero. Hay tantas biografías de pianistas como intentos de descifrar qué nos atrae tanto de sus trayectorias. Desde el excéntrico Glenn Gould hasta el incombustible Oscar Peterson, pasando por Daniel Barenboim y, cómo no, Martha Argerich, que a sus 84 años sigue dando conciertos por todo el mundo. Cada uno encarna un modo distinto de relacionarse con el instrumento y con el mundo. Gould, que odiaba tocar en directo, grabó las Variaciones Goldberg de Bach dos veces y en ambas dejó oír su voz tarareando por encima del teclado, algo que horrorizaba a los ingenieros de sonido. Era hipocondríaco, enemigo de los aviones y partidario de usar guantes incluso en verano, como si sus manos fueran reliquias que hubiera que preservar. Barenboim, también director de orquesta, lleva décadas........
