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Carta desde Bogotá: Naranjas que se caen de morados

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22.06.2026

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No es una división perfecta, pero sí reveladora. Las periferias votaron mayoritariamente de una manera; el corazón económico y demográfico del país, de otra. Como ocurre con todos los mapas electorales, simplifica una realidad mucho más compleja. Sin embargo, permite apreciar de un vistazo una de las tensiones fundamentales de la Colombia contemporánea: la distancia –económica, cultural y política– que sigue separando al centro de sus márgenes.

Lo que ese mapa dibuja no es exactamente una división entre izquierda y derecha, aunque también lo sea. Es algo más antiguo y más profundo: la distancia entre los departamentos que históricamente han concentrado el poder político y económico y aquellos que han permanecido en sus márgenes. Entre el centro que decide y la periferia que espera ser escuchada.

No se sabrá oficialmente antes del próximo miércoles o jueves quién ganó las elecciones presidenciales colombianas. Por ahora, el único dato firme es que Abelardo de la Espriella, candidato de la derecha ultra, aventaja por unos 250,000 votos a Iván Cepeda, candidato de la izquierda. La diferencia es suficientemente estrecha para impedir cualquier celebración prematura, pero también lo bastante amplia para descartar una disputa voto a voto. Salvo los más obstinados, nadie espera que, una vez concluya el llamado “escrutinio” –la revisión oficial de las actas electorales por parte de jueces de la República, bajo la vigilancia de representantes de ambas campañas–, el resultado difiera sustancialmente del anunciado la noche del 21 de junio. A falta de la proclamación formal, todo indica que Abelardo de la Espriella será el presidente de Colombia para el período 2026-2030.

Esa incertidumbre transitoria sobre el desenlace ha relegado a un segundo plano un hecho igualmente significativo. Votó aproximadamente el 63 % del censo electoral, una participación histórica para Colombia. En un país donde durante décadas el abstencionismo fue una constante de la vida pública, que casi dos de cada tres ciudadanos hayan acudido a las urnas constituye una noticia alentadora. Significa que la política sigue importando, que millones de personas creen que su voto puede influir en el rumbo del país y que existe una sociedad profundamente involucrada en la discusión sobre su futuro. Colombia, tantas veces descrita como una democracia formal atravesada por la violencia, ofreció esta vez una imagen distinta: la de una ciudadanía movilizada por dos proyectos antitéticos de nación y decidida a expresarse masivamente en las urnas.

Hay un segundo aspecto que también merece destacarse. En buena parte del continente, las jornadas electorales suelen ir acompañadas de acusaciones de fraude, impugnaciones y retrasos maliciosos en la divulgación de resultados. Esta vez ocurrió algo más prosaico y, precisamente por ello, más valioso: poco más de una hora después del cierre de las mesas, la Registraduría tenía procesada la inmensa mayoría de los votos y había puesto la información a disposición del público. Se ha........

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