¿Cómo cayó Orbán? Radiografía del “Estado Mafia” en Hungría, con Gloria Rodríguez-Pina
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En este episodio de El Salón de Gascón, analizamos el complejo panorama político de Hungría tras los 16 años de poder de Viktor Orbán. Conversamos con Gloria Rodríguez-Pina, enviada especial de El País en Europa del Este, para entender cómo se construye y cómo se agrieta un régimen que ha controlado todas las instituciones.
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Daniel Gascón: Hola, muy buenas. Bienvenidos a El Salón de Gascón en Letras Libres España. Estamos con Gloria Rodríguez-Pina, que es la enviada especial de El País en varios países del este de Europa: Hungría, Polonia, la República Checa y Eslovaquia. Vamos a hablar de las elecciones húngaras y la derrota de Orbán, que llevaba dieciséis años en el poder. ¿Qué significa? Muchas gracias por estar con nosotros.
Gloria Rodríguez-Pina: Muchas gracias a ti por invitarme.
DG: Una de las cosas que más quiero saber es que a veces, cuando leo a húngaros que escriben en medios occidentales, dicen que no se entienden bien ciertas cosas. ¿Qué te parece a ti que es lo más importante que no percibimos bien en España de lo que ha sucedido en Hungría?
GRP: Lo más importante, creo, es que siempre hay que volver a contar el régimen que ha creado Orbán y cómo se ha blindado en el poder. El sistema electoral húngaro cuando él llegó ya era bastante desproporcional, y eso le permitió tener una supermayoría. Pero además fue consolidando esas supermayorías con reformas del sistema electoral, lo que le permitía tener un poder prácticamente absoluto: podía reformar la Constitución. De hecho, nada más llegar, primero reformó la que había doce veces y luego creó una nueva sin debate parlamentario. Esa la ha reformado otras quince veces, lo cual aquí en España ni se entiende. Con esas supermayorías parlamentarias ha podido hacer legislativamente todo lo que ha querido.
Pero además hay un componente particular de Hungría: Orbán creó lo que llamaba un “sistema de cooperación nacional”, que es una élite que lo controla todo. Ahí están los oligarcas, la élite económica muy cercana a él y a su partido, Fidesz. Cuando hablas de Hungría hay cosas que parecen increíbles: el hombre más rico del país, hace dieciséis años, cuando Orbán llegó al poder, era un instalador de gas. De repente se fue haciendo millonario a través de contratos públicos. Eso ya te da una idea de la élite que se ha creado. Ese hombre, Lőrinc Mészáros, controla las empresas más grandes y uno de los principales bancos húngaros. El yerno de Orbán es el número once en la lista Forbes de riqueza en el país. Todas las grandes empresas están controladas por gente cercana a él que funciona de una forma mafiosa. Está todo conectado. Y la diferencia entre partido y estado prácticamente no existe. Fidesz es el estado.
DG: En uno de tus artículos, alguien lo definía como un “Estado mafia”.
GRP: Sí, eso es Bálint Magyar. Hay mucha gente que se llama Magyar, que significa “húngaro”, los magiares. Tiene un libro que habla de Estado Mafia, aunque el título es más largo. Él habla mucho de ese concepto y utiliza la figura de un pulpo, que sería Fidesz, el Estado, con tentáculos que se extienden por todos los ámbitos de la vida.
Como han sido dieciséis años, ha tenido distintas épocas. En la primera legislatura de cuatro años se dedicó a las instituciones, a ocuparlas y a hacer cambios legislativos que le permitían hacer todo eso. Hay una cosa curiosa en Hungría: muchas de las cosas que han hecho, que parecen increíbles, son legales. Me decía alguien que conocí: “Es un régimen de abogados. Robar ya no es ilegal porque hacemos una ley que lo legalice.” En la segunda legislatura se dedicaron al poder económico. La cuarta ya fue hacia lo cultural, lo social, las universidades. El sistema de las universidades también es increíble: prácticamente en un día dejaron de existir universidades públicas. Las privatizaron creando fundaciones que controla Fidesz, y todo es así.
DG: ¿Crees que en el cambio electoral lo decisivo ha sido el elemento de la corrupción? Porque también ha habido un factor económico muy importante.
GRP: Al final ha sido la economía, porque la corrupción ha estado ahí siempre y molestaba más o menos. También hubo una crisis moral: este es un partido y un líder que se presenta como el protector de los valores cristianos conservadores. Hace dos años, cuando surge Magyar, hubo un escándalo: se había concedido un indulto a alguien que había encubierto a un pederasta. Eso explotó y generó una crisis que se zanjó obligando a dimitir a la presidenta y a la exministra de justicia, que es la exmujer de Magyar. Eso generó una crisis moral.
Pero al final ha sido la economía. Durante unos años Hungría iba muy bien, había crecimiento. La guerra de Ucrania generó, como en todas partes, inflación. Allí la gestionaron de una forma que hizo que la inflación fuese a peor. La gente lo ha ido notando en sus bolsillos: los servicios públicos están muy deteriorados, la sanidad, la educación. Ese ha sido el mensaje principal de Magyar, y ese estancamiento económico ha sido finalmente lo que acabó con Orbán.
DG: En otros artículos tuyos señalabas la paradoja de que Orbán aparece en el debate público diciendo “rusos fuera”, y cuando pierde, lo que mucha gente está diciendo es precisamente “rusos fuera”. Ha sido un tránsito bastante llamativo.
GRP: Sí, claro. Orbán, cuando se hizo conocido, era un jovencito que acababa de salir de la facultad. Habían creado Fidesz, el partido de los jóvenes demócratas, y se hizo famoso en un discurso en el 89, en la plaza de los Héroes, todo muy épico, en el aniversario de la muerte de un primer ministro, gritando “¡Rusos........
